Las otras víctimas del 11-S: casi 10.000 personas han muerto por enfermedades relacionadas con el polvo tóxico

El derrumbe de las Torres Gemelas no solamente provocó la muerte de 2.977 personas el 11 de septiembre de 2001. Veinticinco años después, los registros de los programas creados para atender a quienes estuvieron expuestos muestran otra tragedia: miles de rescatistas, trabajadores, residentes y sobrevivientes han fallecido por cáncer y otras enfermedades vinculadas a la exposición posterior a los atentados. Nueva York acaba de publicar 170.000 páginas de documentos sobre la calidad del aire y lo que las autoridades conocían acerca de los riesgos.

Durante días, Nueva York no solamente respiró miedo.

Respiró polvo, humo, cenizas y una compleja mezcla de sustancias potencialmente peligrosas producida por el derrumbe de las Torres Gemelas.

Bomberos, policías, paramédicos y voluntarios llegaron por miles a la Zona Cero. Otros trabajaban en oficinas cercanas. Había comerciantes, habitantes del Bajo Manhattan y estudiantes. Muchos regresaron a sus trabajos y viviendas durante las semanas siguientes.

Veinticinco años después, las consecuencias sanitarias de aquella exposición continúan apareciendo.

Los registros disponibles en 2026 muestran que más de 9.000 personas inscritas en programas relacionados con el 11-S han fallecido después de los ataques, mientras decenas de miles han desarrollado cáncer, enfermedades respiratorias y otras patologías.

La cifra se aproxima ya a 10.000 fallecidos.

Es decir, el número registrado de personas fallecidas posteriormente entre esta población supera ampliamente las 2.977 víctimas asesinadas directamente durante los atentados.

La nube que cubrió Manhattan

Cuando las Torres Gemelas se desplomaron, millones de toneladas de materiales fueron pulverizadas.

La gigantesca nube avanzó por las calles del Bajo Manhattan y cubrió edificios, vehículos y personas.

Entre los materiales presentes en el ambiente se encontraban partículas procedentes de concreto, vidrio, metales y materiales de construcción, además de contaminantes como asbesto y diferentes sustancias químicas.

El problema no desapareció al día siguiente.

Los incendios en la Zona Cero continuaron durante semanas y las operaciones de rescate, recuperación de restos y remoción de escombros se extendieron durante meses.

Quienes trabajaron allí estuvieron expuestos repetidamente.

Más de 57.000 casos de cáncer certificados

Las cifras 25 años después son contundentes.

Datos recientes del World Trade Center Health Program, el programa federal encargado de monitorear y atender a las personas expuestas, registran 57.044 certificaciones de cáncer relacionadas con el 11-S.

Por primera vez, los casos entre sobrevivientes —personas que vivían, trabajaban o estudiaban en las inmediaciones— superan incluso los registrados entre los equipos de respuesta.

De los casos contabilizados, 28.913 corresponden a sobrevivientes y 28.131 a rescatistas y personal de respuesta.

Los especialistas del programa reconocen decenas de tipos de cáncer dentro de las enfermedades potencialmente relacionadas con la exposición.

Entre los diagnósticos más frecuentes aparecen cáncer de piel no melanoma, próstata, mama, melanoma y linfomas.

Casi 10.000 fallecidos

Una de las cifras más recientes, basada en datos del Fondo de Compensación de Víctimas del 11-S con corte al 31 de julio de 2026, sitúa en 9.677 el número de sobrevivientes y trabajadores de respuesta fallecidos posteriormente con enfermedades relacionadas con el 11-S.

De esas muertes, 5.892 estuvieron asociadas al cáncer.

Otro recuento basado en participantes del World Trade Center Health Program registra una cifra algo diferente, superior a 9.000 fallecimientos.

La diferencia es importante: no existe una única base de datos que permita afirmar que cada una de esas muertes fue causada exclusivamente por el 11-S. Los distintos programas utilizan criterios de certificación, elegibilidad y fechas de corte diferentes.

Sin embargo, todos muestran la misma realidad: la tragedia sanitaria posterior al atentado alcanza ya a miles de personas.

Más de 145.000 personas reciben seguimiento

El impacto continúa creciendo.

Más de 145.000 personas reciben actualmente atención o seguimiento por problemas relacionados con la exposición al World Trade Center.

Además del cáncer, aparecen enfermedades como sinusitis crónica, asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad por reflujo gastroesofágico y trastorno de estrés postraumático.

El registro sanitario de Nueva York ha seguido durante más de dos décadas a más de 71.000 sobrevivientes civiles y personas que participaron en la respuesta.

La investigación ha permitido identificar efectos respiratorios, gastrointestinales, cánceres y problemas de salud mental, además de estudiar posibles enfermedades autoinmunes, alteraciones auditivas y deterioro cognitivo.

Bomberos: más de 10.000 con enfermedades físicas certificadas

Uno de los grupos más estudiados ha sido el Departamento de Bomberos de Nueva York.

Un informe presentado este mes por la ciudad y el FDNY concluyó que más de 10.000 integrantes del cuerpo tienen certificada al menos una condición física relacionada con el 11-S.

Son bomberos, paramédicos, técnicos de emergencias, oficiales, civiles y retirados que participaron en las operaciones de rescate y recuperación.

Muchos permanecieron durante días, semanas o meses trabajando entre los escombros.

170.000 páginas salen a la luz 25 años después

En vísperas del aniversario, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, tomó una decisión que volvió a abrir el debate sobre lo ocurrido después de los atentados.

Su administración publicó más de 170.000 páginas de documentos municipales relacionados con la calidad del aire, los riesgos para la salud y la respuesta de la ciudad después del colapso del World Trade Center.

La publicación puso fin además a dos litigios promovidos por la organización 9/11 Health Watch para conseguir acceso a documentos que permanecieron durante años fuera del alcance público.

Durante demasiado tiempo, los neoyorquinos han tenido que luchar para acceder a registros que deberían haber estado disponibles para ellos desde el principio”, afirmó Mamdani.

Los archivos incluyen memorandos internos, análisis de calidad del aire y documentos que permiten reconstruir qué información manejaban las autoridades municipales durante los días y meses posteriores.

¿Qué sabían las autoridades?

Ese es ahora uno de los interrogantes centrales.

Los documentos muestran que dentro de las autoridades existía preocupación por los riesgos relacionados con la contaminación.

Entre los registros aparecen referencias a sustancias peligrosas y evaluaciones sobre la calidad del aire.

La administración de Mamdani sostiene que la publicación permitirá responder una pregunta que sobrevivientes y familiares han formulado durante años: qué sabía la ciudad sobre los riesgos, cuándo lo supo y cómo actuó frente a esa información.

Mamdani fue especialmente crítico:

La devastadora verdad es que el sufrimiento no terminó una vez que el humo desapareció y el polvo se asentó”.

Y agregó:

La gente enfermó porque los líderes en quienes confiaban les mintieron y les dijeron que era seguro respirar aire tóxico”.

Las afirmaciones del actual alcalde forman parte de una controversia que deberá seguir siendo contrastada con el contenido completo de los documentos recién publicados y con las decisiones adoptadas por autoridades municipales y federales en 2001.

La polémica por el aire “seguro”

Tras los atentados, uno de los episodios más cuestionados fue la rapidez con la que se transmitieron mensajes de normalización y seguridad ambiental.

Con el paso de los años, enfermedades entre socorristas y habitantes del área comenzaron a modificar esa percepción.

El congresista Jerry Nadler, quien representaba sectores afectados, sostuvo ahora que funcionarios y representantes habían advertido sobre los riesgos de las toxinas.

Los nuevos archivos contienen, entre otros materiales, el denominado Harding Memo y documentos conocidos como las “68 cajas”, registros que no fueron localizados hasta 2025 pese a anteriores solicitudes de acceso a información.

Jon Stewart y una batalla de años

Uno de los personajes públicos que durante años ha acompañado la lucha de los socorristas ha sido el comediante y presentador Jon Stewart.

Stewart se convirtió en uno de los principales defensores públicos de los bomberos, policías y trabajadores enfermos que reclamaban atención médica y compensaciones.

Su presión ante el Congreso contribuyó a mantener en la agenda nacional la financiación de los programas destinados a las víctimas posteriores.

El sistema federal terminó consolidándose mediante la James Zadroga 9/11 Health and Compensation Act, promulgada en 2011, que permitió establecer atención y seguimiento especializado para las personas afectadas.

Un nuevo silencio 25 años después

Por eso, este aniversario tiene una diferencia histórica.

Durante años, la ceremonia de la Zona Cero realizó seis momentos de silencio: dos por los impactos contra las Torres Gemelas, dos por sus derrumbes, uno por el ataque contra el Pentágono y otro por la caída del vuelo 93.

Este 11 de septiembre de 2026 se agregó un séptimo.

Está dedicado exclusivamente a las personas que sobrevivieron aquel martes, pero murieron años después como consecuencia de enfermedades relacionadas con la exposición al desastre.

El nuevo momento de silencio permanecerá en las futuras ceremonias.

Es el reconocimiento de una realidad que tardó años en hacerse completamente visible.

El 11-S dejó 2.977 víctimas directas aquel día.

Pero 25 años después, la lista de quienes sufrieron sus consecuencias continúa creciendo.

Para miles de familias, el atentado no terminó a las 10:28 de aquella mañana, cuando cayó la última de las Torres Gemelas.

El polvo permaneció. Las enfermedades aparecieron años después. Y un cuarto de siglo más tarde, el número de fallecidos entre la población expuesta y atendida por los programas del 11-S ya se cuenta por miles.