
Han pasado 25 años desde aquella mañana del 11 de septiembre de 2001 en la que 19 terroristas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales llenos de pasajeros y los convirtieron en armas. Dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania después de que pasajeros y tripulantes intentaran recuperar el control. Murieron 2.977 personas de 90 países. El ataque transformó la seguridad aérea, la política exterior estadounidense y la forma en que el mundo entendía el terrorismo.
Hay imágenes que permanecen intactas pese al paso del tiempo. La mañana despejada sobre Nueva York. Una de las Torres Gemelas ardiendo. La incertidumbre inicial sobre si se trataba de un accidente. Y, apenas 17 minutos después, un segundo avión atravesando el cielo y estrellándose contra la otra torre ante millones de personas que observaban en directo por televisión.
En ese instante desaparecieron prácticamente todas las dudas: Estados Unidos estaba bajo ataque.
Este 11 de septiembre se cumplen 25 años de los atentados terroristas del 11-S, una operación coordinada por Al Qaeda que dejó 2.977 víctimas mortales, sin contar a los 19 secuestradores, y miles de heridos. Las víctimas procedían de 90 países: 2.753 murieron en Nueva York, 184 en el ataque al Pentágono y 40 eran pasajeros y tripulantes del vuelo 93 que cayó en Pensilvania.
A las pérdidas humanas de aquella mañana se han sumado durante las últimas dos décadas miles de personas afectadas por enfermedades relacionadas con la exposición al polvo, humo y sustancias tóxicas en la zona del World Trade Center.
Cuatro aviones convertidos en armas
La operación había sido preparada durante años. Diecinueve integrantes de Al Qaeda abordaron cuatro vuelos comerciales que viajaban hacia California y, una vez en el aire, tomaron el control de las aeronaves.
El primero fue el vuelo 11 de American Airlines, un Boeing 767 que despegó de Boston rumbo a Los Ángeles a las 7:59 de la mañana. Viajaban 76 pasajeros, 11 miembros de la tripulación y cinco secuestradores.
A las 8:46 a. m., el avión fue estrellado deliberadamente contra los pisos 93 al 99 de la Torre Norte del World Trade Center.
Era el comienzo de una mañana que cambiaría la historia.
Inicialmente, incluso desde los medios de comunicación, se contempló la posibilidad de un accidente aéreo.
Pero faltaban apenas 17 minutos para que el mundo entendiera lo que realmente estaba sucediendo.
El segundo avión que confirmó el ataque
El vuelo 175 de United Airlines también había partido de Boston con destino a Los Ángeles. A bordo viajaban 51 pasajeros, nueve tripulantes y cinco secuestradores.
A las 9:03 de la mañana, mientras las cámaras de televisión de todo el planeta apuntaban hacia la Torre Norte en llamas, el avión apareció en el cielo de Manhattan.
Millones de personas vieron prácticamente en directo cómo se inclinaba antes de impactar violentamente entre los pisos 77 y 85 de la Torre Sur.
Ya no había posibilidad de hablar de accidente.
Estados Unidos estaba enfrentando un ataque terrorista coordinado.
El Pentágono también fue atacado
Pero Nueva York no era el único objetivo.
El vuelo 77 de American Airlines, un Boeing 757 que había despegado del aeropuerto Washington Dulles con destino a Los Ángeles, también había sido secuestrado.
En el avión viajaban 53 pasajeros, seis integrantes de la tripulación y cinco secuestradores.
A las 9:37 a. m., la aeronave se estrelló contra el costado occidental del Pentágono, sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos, en Arlington, Virginia.
El avión viajaba a aproximadamente 530 millas por hora —unos 850 kilómetros por hora— cuando impactó el edificio.
Murieron las 64 personas que iban a bordo, incluidos los cinco secuestradores, y otras 125 personas dentro del Pentágono.
El vuelo 93: los pasajeros que enfrentaron a los secuestradores
El cuarto avión tuvo una historia diferente.
El vuelo 93 de United Airlines había despegado de Newark, Nueva Jersey, rumbo a San Francisco. Llevaba siete tripulantes, 33 pasajeros y cuatro secuestradores.
Cuando algunas de las personas que estaban a bordo lograron comunicarse con familiares y personas en tierra, comenzaron a conocer lo ocurrido en Nueva York y Washington.
Comprendieron entonces que su avión también sería utilizado como un arma.
Los pasajeros y tripulantes decidieron enfrentarse a los secuestradores e intentar recuperar el control.
A las 10:03 a. m., en medio de esa resistencia, los terroristas hicieron caer la aeronave en un campo cerca de Shanksville, Pensilvania.
Murieron las 40 personas inocentes que viajaban en el avión y los cuatro secuestradores.
El objetivo exacto nunca pudo establecerse definitivamente, aunque la investigación consideró como posibles blancos edificios gubernamentales en Washington. La reacción de los pasajeros impidió que el avión alcanzara la capital estadounidense.
102 minutos que transformaron al mundo
Mientras ocurrían los ataques contra el Pentágono y el vuelo 93, en Manhattan se desarrollaba una tragedia de dimensiones inimaginables.
A las 9:59 de la mañana, 56 minutos después de haber sido impactada, se derrumbó la Torre Sur.
A las 10:28, cayó la Torre Norte.
Desde el primer impacto, a las 8:46, hasta el derrumbe de la segunda torre habían transcurrido apenas 102 minutos.
El corazón financiero de Nueva York quedó cubierto por una gigantesca nube de polvo, acero, concreto y escombros.
¿Cómo eran las Torres Gemelas?
Para comprender la magnitud del ataque hay que recordar lo que representaba el World Trade Center.
Las Torres Gemelas eran dos rascacielos de 110 pisos cada uno, diseñados por el arquitecto Minoru Yamasaki y convertidos durante tres décadas en una de las imágenes más reconocibles de Nueva York.
La Torre Norte alcanzaba 1.368 pies —417 metros—, sin contar su gran antena, mientras que la Torre Sur medía 1.362 pies, unos 415 metros.
Durante un breve periodo fueron los edificios más altos del mundo.
Juntas ofrecían cerca de 10 millones de pies cuadrados de oficinas. Alrededor de 35.000 personas trabajaban habitualmente en las torres para unas 430 empresas y decenas de miles de trabajadores, turistas y pasajeros transitaban diariamente por el complejo.
El World Trade Center completo ocupaba aproximadamente 16 acres y estaba compuesto por siete edificios.
Allí funcionaban compañías de servicios financieros, banca, seguros, comercio internacional, telecomunicaciones, tecnología y otras actividades empresariales, además de dependencias públicas. Las más de 430 compañías instaladas en el complejo procedían de 28 países y buena parte pertenecía a la comunidad financiera y comercial internacional.
Las torres eran, mucho más que dos edificios de oficinas, un símbolo de Nueva York y del poder económico estadounidense.
Por eso se convirtieron en objetivo.
Casi 3.000 muertos
El balance definitivo fue devastador.
2.977 personas fueron asesinadas como consecuencia de los ataques terroristas del 11 de septiembre.
De ellas, 2.753 murieron en Nueva York, 184 en el Pentágono y 40 en el vuelo 93.
Entre los muertos estuvieron cientos de personas que corrieron hacia el peligro mientras miles intentaban escapar.
El Departamento de Bomberos de Nueva York perdió 343 integrantes. También murieron policías, miembros de la Autoridad Portuaria, paramédicos y otros trabajadores de emergencia.
Miles de personas resultaron heridas aquel día. A esa cifra se agrega una consecuencia que continúa 25 años después: bomberos, policías, trabajadores de rescate, empleados y residentes desarrollaron posteriormente cánceres, enfermedades respiratorias y otras patologías asociadas a la exposición a los contaminantes liberados tras el colapso.
El FBI reconoce que numerosos miembros de los equipos de primera respuesta continúan sufriendo efectos adversos sobre su salud derivados de las condiciones tóxicas en las que trabajaron.
El costo económico también fue gigantesco
El daño no terminó con la destrucción de las torres.
Una revisión de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos —GAO— encontró estimaciones diferentes dependiendo de los costos incluidos. Uno de los estudios más completos calculó en aproximadamente 83.000 millones de dólares de 2001 las pérdidas directas e indirectas relacionadas con los ataques contra el World Trade Center.
Otras estimaciones elevaron el impacto hasta entre 90.000 y 105.000 millones de dólares.
Solo las pérdidas aseguradas derivadas de los atentados fueron calculadas posteriormente en unos 32.500 millones de dólares.
Pero ninguna cifra económica logra dimensionar completamente lo ocurrido: familias destruidas, miles de empleos afectados, empresas desplazadas y una ciudad que durante meses tuvo que retirar aproximadamente 1,8 millones de toneladas de escombros de la denominada Zona Cero.
George W. Bush era el presidente
El presidente de Estados Unidos era entonces el republicano George W. Bush, quien llevaba menos de ocho meses en la Casa Blanca.
Aquella mañana se encontraba visitando la escuela primaria Emma E. Booker, en Sarasota, Florida.
Bush conoció inicialmente que un avión había impactado el World Trade Center. Poco después, mientras permanecía dentro de un salón de clases, su jefe de gabinete, Andrew Card, se acercó y le informó que un segundo avión había golpeado la otra torre.
A las 9:30 de la mañana, Bush apareció ante las cámaras.
“Hoy hemos sufrido una tragedia nacional”, afirmó al confirmar que dos aviones habían impactado el World Trade Center en lo que calificó como un aparente ataque terrorista.
También dejó una frase que anticiparía la respuesta estadounidense:
“El terrorismo contra nuestra nación no prevalecerá”.
Al Qaeda y Osama bin Laden
La investigación determinó que los 19 secuestradores pertenecían a Al Qaeda.
Quince eran ciudadanos de Arabia Saudita, dos de Emiratos Árabes Unidos, uno de Egipto y otro del Líbano. Algunos habían recibido entrenamiento de vuelo en Estados Unidos.
Al frente de Al Qaeda estaba Osama bin Laden.
Los atentados desencadenaron la llamada guerra contra el terrorismo y Estados Unidos inició pocas semanas después la intervención militar en Afganistán contra Al Qaeda y el régimen talibán que la protegía.
Bin Laden logró permanecer fugitivo durante casi diez años.
El 2 de mayo de 2011, el entonces presidente Barack Obama anunció que fuerzas estadounidenses habían localizado al líder de Al Qaeda en un complejo de Abbottabad, Pakistán, y lo habían abatido durante una operación especial.
¿Hay personas condenadas por los atentados?
Veinticinco años después existe una paradoja judicial.
Los 19 hombres que secuestraron físicamente los cuatro aviones murieron en los ataques.
Zacarias Moussaoui es hasta ahora la única persona condenada en una corte estadounidense en conexión directa con la conspiración del 11-S. Había sido detenido semanas antes de los atentados y posteriormente reconoció su participación en la conspiración de Al Qaeda.
En 2006 fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Sin embargo, Khalid Sheikh Mohammed, señalado por Estados Unidos como el principal arquitecto de los ataques, continúa detenido en la prisión militar de Guantánamo sin que se haya producido todavía un juicio definitivo.
Apenas en agosto de este año, un juez militar fijó para el 5 de junio de 2028 el comienzo del juicio contra Mohammed y otros tres acusados.
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