
El mandatario había anunciado que convertiría el tradicional Palacio Presidencial en un museo y que trabajaría desde el Palacio de San Carlos. Sin embargo, problemas de seguridad, movilidad, espacios y logística llevaron al Gobierno a reconsiderar la decisión. La Casa de Nariño está siendo adecuada para recibir nuevamente el despacho presidencial.
El presidente de Colombia, Abelardo De La Espriella, decidió utilizar la Casa de Nariño como una de sus principales sedes de trabajo en Bogotá, modificando así uno de los anuncios que había realizado antes de asumir el poder.
La determinación se conoció, luego de que fuentes del Gobierno confirmaran que el complejo presidencial está siendo preparado para recibir al mandatario y a parte de su equipo. La intención es que De La Espriella pueda comenzar a utilizar nuevamente estas instalaciones cuando se encuentre en Bogotá.
La decisión supone un giro frente al plan anunciado por el propio presidente antes de su posesión. De La Espriella había señalado que no utilizaría la Casa de Nariño para despachar y que pretendía convertirla en un museo abierto a los ciudadanos.
En una transmisión realizada en sus redes sociales el pasado 26 de julio, el entonces presidente electo fue categórico:
“No voy a despachar desde la Casa de Nariño, pero voy a ir a Bogotá. Le he dado la instrucción a la ministra de Cultura, Paola Holguín, que vuelva la Casa de Nariño un museo abierto al público”.
Y agregó sobre el lugar desde donde pensaba trabajar:
“El Palacio de San Carlos, donde funciona la Cancillería, será la sede de la Presidencia en Bogotá. Y ahí voy a estar despachando y trabajando por Bogotá”.
Ese proyecto, sin embargo, terminó encontrándose con dificultades prácticas una vez comenzó el nuevo Gobierno.
Seguridad, espacios y movilidad: las razones del cambio
La reconsideración se produjo después de que el equipo presidencial evaluara las condiciones para desarrollar permanentemente la agenda desde el Palacio de San Carlos.
Los informes internos habrían concluido que, por seguridad, disponibilidad de espacios y facilidades de desplazamiento, la Casa de Nariño ofrece mejores condiciones para el funcionamiento cotidiano de la Presidencia.
El traslado al Palacio de San Carlos también terminó modificando la dinámica de seguridad y movilidad del centro histórico de Bogotá.
Desde el 11 de agosto se registraron cierres alrededor de la sede de la Cancillería, especialmente sobre la carrera Sexta y sectores de las calles Novena, Décima y Once. La calle 10, entre las carreras Quinta y Sexta, quedó sometida a fuertes restricciones de acceso.
Los cambios tuvieron consecuencias para comerciantes y vendedores de la zona. Algunos reportaron una disminución del tránsito de turistas debido a las vallas y controles instalados alrededor del Palacio de San Carlos, lo que terminó afectando las ventas de establecimientos que dependen precisamente de los visitantes del centro histórico.
También hubo inconvenientes para los periodistas encargados de cubrir la Presidencia. Reporteros acreditados manifestaron que en San Carlos no contaban con las condiciones existentes en la Casa de Nariño: espacios permanentes para trabajar, conexión adecuada, baños, hidratación y lugares desde donde permanecer durante las extensas jornadas presidenciales.
La Casa de Nariño ya estaba diseñada para gobernar
Una de las ventajas que terminó pesando es que la Casa de Nariño no funciona simplemente como residencia o despacho del presidente. Se trata de un complejo acondicionado durante décadas para albergar prácticamente toda la operación inmediata de la Presidencia.
Cuenta con despachos, espacios protocolarios y numerosos salones destinados a reuniones de Gobierno y encuentros diplomáticos.
Entre ellos se encuentra el Salón Azul o Salón Patria, cuya mesa puede adaptarse y tiene capacidad para hasta 27 puestos, además de otros espacios históricos y protocolarios utilizados para reuniones presidenciales.
El complejo presidencial dispone además de infraestructura de seguridad, zonas para el equipo presidencial y facilidades de movilidad y operación que permiten concentrar en un mismo lugar buena parte de las actividades del jefe de Estado.
También cuenta con helipuerto, una instalación especialmente importante para los desplazamientos presidenciales y los protocolos de seguridad. De hecho, durante sus primeras jornadas en Bogotá, De La Espriella llegó en helicóptero a la Casa de Nariño antes de desplazarse hacia el Palacio de San Carlos.
La cercanía con el Capitolio Nacional, ministerios y otras instituciones del Estado constituye otra ventaja logística.
¿Desde cuándo es sede presidencial la Casa de Nariño?
La historia del inmueble como residencia presidencial se remonta al siglo XIX.
El Gobierno adquirió la propiedad en 1885, durante la época del presidente Rafael Núñez, quien destacó su importancia histórica y su ubicación estratégica cerca del Capitolio Nacional. Desde entonces pasó a ser residencia oficial del presidente de la República.
A comienzos del siglo XX, durante el Gobierno del general Rafael Reyes, el inmueble fue profundamente transformado por los arquitectos Gastón Lelarge y Julián Lombana.
El nuevo edificio, conocido entonces como el Palacio de la Carrera, fue inaugurado oficialmente en 1908 y allí residieron los presidentes colombianos hasta los acontecimientos del 9 de abril de 1948.
La sede del poder Ejecutivo pasó posteriormente por diferentes etapas. Incluso el Palacio de San Carlos volvió a albergar la Presidencia durante el Gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, a partir de 1954.
Finalmente, después de nuevas obras y ampliaciones, la Presidencia regresó al complejo de la Casa de Nariño durante el Gobierno de Julio César Turbay Ayala, a finales de la década de 1970. Desde entonces se consolidó nuevamente como el principal centro administrativo y protocolario del jefe de Estado.
San Carlos seguirá dentro del esquema presidencial
El regreso a la Casa de Nariño tampoco significa necesariamente que De La Espriella abandone por completo el Palacio de San Carlos.
El mandatario podrá seguir utilizando diferentes espacios para desarrollar su agenda, aunque la Casa de Nariño recuperará su papel dentro de la operación presidencial en Bogotá.
Durante las primeras semanas del Gobierno, San Carlos fue escenario de reuniones de alto nivel, del primer Consejo de Ministros y de encuentros con gremios y delegaciones internacionales relacionados con la atención de la emergencia causada por el terremoto del pasado 10 de agosto.
El esquema tampoco modifica, por ahora, la intención del presidente de mantener una Presidencia con presencia permanente fuera de Bogotá.
De La Espriella ya inauguró una sede presidencial en Barranquilla, dentro del Batallón Paraíso, desde donde realizó su primera alocución como jefe de Estado y otras actividades oficiales. Además, ha planteado sedes alternas en Cali y Medellín.
Así, menos de tres semanas después de asumir la Presidencia, el mandatario terminó reconsiderando uno de los cambios más simbólicos que había anunciado antes de llegar al poder: la Casa de Nariño no será, al menos por ahora, únicamente un museo y volverá a recibir al presidente para el ejercicio cotidiano del Gobierno cuando se encuentre en Bogotá.