
Colombia tiene hoy más coca sembrada que en toda su historia.
Casi 330 mil hectáreas, y una producción de cocaína que ronda las 3.000 toneladas al año. ¿Qué nos llevó a esta crisis de narcotráfico? En 2012, los cultivos bajaron a 48 mil hectáreas sembradas, gracias a la fumigación, a la contención militar y a algunos programas de sustitución de cultivos. ¿Qué pasó después? Una serie de decisiones el vacío que dejó el proceso de paz con las Farc, la suspensión de la fumigación en 2015, la mal llamada «paz total» de Petro, que terminó fortaleciendo a las estructuras criminales, y el aumento del consumo de droga en el mundo nos devolvieron, literalmente, al peor momento de nuestra historia.
Por eso, por eso tiene sentido retomar la aspersión aérea, como lo está proponiendo el gobierno de De la Espriella. Es necesaria una respuesta directa a una crisis que ya no podemos seguir maquillando con cifras optimistas, como lo hizo el Gobierno de Gustavo Petro.
Una eventual reanudación de la aspersión aérea está sujeta al cumplimiento de requisitos administrativos, ambientales, sanitarios, jurídicos y de participación de las comunidades. Esto es lo que la Sentencia T-236 de 2017 dejó trazado como ruta para un eventual regreso de la aspersión aérea. Precisamente, esta hoja de ruta, con restricciones y condiciones para fumigar cultivos de coca, hace que el debate no gire solamente en torno a qué herbicida utilizar.
Por muchos años, el glifosato fue el que se usó para las fumigaciones aéreas; sin embargo, hoy se evalúa una alternativa, el glufosinato de amonio, que será sometido a un plan piloto en el departamento de Putumayo, bajo seguimiento técnico y científico, y sobre el cual las propias autoridades han sido claras: esto no equivale, todavía, a una fumigación a escala nacional.
Ahora bien, la aspersión aérea no resuelve por sí sola el incremento de los cultivos de coca. La evidencia demuestra que, si bien puede reducir sustancialmente, de manera rápida, los cultivos en el corto plazo, también se necesitan acciones de control territorial y presencia estatal: en otras palabras, una política completa que ataque distintos frentes del conflicto y del negocio ilícito.
Colombia: es el momento de aprovechar los avances tecnológicos, los avances de la ciencia y lograr un avance real en esta lucha contra la criminalidad y contra las drogas.