
Una llanta averiada en mitad de la noche era apenas el comienzo. Según la investigación de la Fiscalía, la Policía y el Gaula Militar, los señalados integrantes de ‘Los Pinchallantas’ instalaban elementos cortopunzantes en corredores de entrada y salida de Bogotá, esperaban a que los conductores se detuvieran y entonces comenzaba el asalto: armas, golpes, retenciones, traslados a zonas solitarias y hasta datáfonos para sacarles el dinero de sus cuentas. Once presuntos integrantes fueron capturados en Bogotá y Soacha. La investigación les atribuye al menos nueve hechos, 21 víctimas y pérdidas cercanas a los $750 millones.
A esa hora de la noche, una llanta pinchada puede parecer simplemente un problema mecánico.
El conductor siente que el vehículo pierde estabilidad, reduce la velocidad, busca un espacio al costado de la carretera, enciende las luces de emergencia y se baja para mirar qué pasó.
Precisamente ese momento de vulnerabilidad era, según los investigadores, el que esperaban “Los Pinchallantas”.
Durante aproximadamente un año, esta estructura habría convertido varios corredores de entrada y salida de Bogotá en lugares para emboscar a viajeros. Las autoridades han documentado su presencia especialmente en la vía Mosquera–La Mesa y el sector de Mondoñedo, aunque la investigación también menciona hechos o movimientos de la estructura en los corredores La Mesa–Bogotá, Bogotá–Villavicencio y Bogotá–Tunja.
La organización no esperaba que una llanta se dañara por casualidad.La provocaba.
Puntillas, tachuelas, tubos de PVC acondicionados y otros elementos cortopunzantes eran puestos sobre la carretera, especialmente en sectores oscuros y solitarios. El objetivo era sencillo: conseguir que el conductor se detuviera.
Entonces comenzaba la segunda parte del plan.
De una llanta pinchada al secuestro
Según la reconstrucción de los investigadores, una vez el vehículo quedaba inmovilizado, varios hombres aparecían y abordaban a sus ocupantes.
Las víctimas eran intimidadas con armas, golpeadas y, en algunos episodios, trasladadas a lugares apartados. Allí podían permanecer retenidas mientras los delincuentes se apoderaban del vehículo, teléfonos celulares, objetos personales y dinero.
Pero el robo no terminaba en las billeteras.
Los investigadores establecieron que la organización también buscaba acceder a las cuentas bancarias y aplicaciones financieras de sus víctimas.
El gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey, describió uno de los detalles que más llamó la atención durante la investigación:
“Eran tan sinvergüenzas que hasta utilizaban datáfonos para despojar a las víctimas de su dinero. Las obligaban a digitar sus claves bancarias para realizar transacciones y transferencias a cuentas desde las cuales posteriormente retiraban el dinero”.
El mandatario agregó:
“Además, las intimidaban con armas de fuego, las llevaban a zonas apartadas y les quitaban sus pertenencias”.
Los cuatro datáfonos encontrados durante los procedimientos terminaron convirtiéndose en una de las piezas más particulares del expediente.
No se trataba únicamente de ladrones de carretera.
La hipótesis de los investigadores es que después de inmovilizar y retener a las víctimas intentaban exprimir también su vida financiera: claves, transferencias, tarjetas y aplicaciones bancarias.
Nueve hechos, 21 víctimas y cerca de $750 millones
Hasta ahora, las autoridades relacionan a la estructura con nueve hechos ocurridos durante 2026.
La Gobernación de Cundinamarca contabiliza 21 víctimas y pérdidas cercanas a los $750 millones, incluyendo vehículos, dinero y demás bienes robados.
Otros reportes institucionales calculan la afectación económica por encima de los $700 millones. La diferencia corresponde a los cortes y estimaciones utilizados por las autoridades durante la presentación de los resultados.
El epicentro de buena parte de los casos fue Mondoñedo, un corredor estratégico para quienes se desplazan entre Bogotá, Mosquera, Soacha, La Mesa y municipios del suroccidente de Cundinamarca.
Las horas de la noche y madrugada, la oscuridad y algunos tramos aislados favorecían la modalidad.
La noche en que siete integrantes de una familia terminaron en “el hueco”
Uno de los casos que permite dimensionar la violencia de esta modalidad ocurrió entre la noche del domingo 26 y la madrugada del lunes 27 de abril de 2026.
Siete integrantes de una familia regresaban hacia Bogotá.
Entre ellos viajaban dos menores de edad y dos adultas mayores.
Antes de llegar al peaje de Mondoñedo, uno de los neumáticos de la camioneta se pinchó.
Comenzaba a llover.El conductor decidió detenerse.
“Nos orillamos. En ese momento se baja mi esposa, mi hijo también se baja. Decimos: cambiémosla antes de que empiece a llover”, relató posteriormente una de las víctimas.
No alcanzaron. Seis hombres que se movilizaban en motocicletas aparecieron y rodearon el vehículo.
Lo que parecía una reparación rutinaria en carretera terminó convirtiéndose en una retención de aproximadamente siete horas.
Los integrantes de la familia fueron golpeados y llevados hasta una zona de excavación en jurisdicción de Soacha.
Los delincuentes llamaban al lugar “el hueco”.
Allí, en medio del barro, el frío y la lluvia, les quitaron los zapatos, los inmovilizaron y continuaron las amenazas.
“Duramos hasta las 4 de la mañana con hipotermia, la impotencia de no poder hacer nada, ver que le están pegando a su esposa, a su hijo, a su mamá”, contó una de las víctimas.
Los teléfonos también se convirtieron en armas
Durante la retención, los atacantes comenzaron a revisar los celulares. Buscaban cuentas bancarias.
Intentaron desbloquear los equipos mediante reconocimiento facial y exigieron las claves de las aplicaciones financieras.
De acuerdo con el relato de la familia, algunas de las adultas mayores estaban tan alteradas que no podían recordar las contraseñas. Los delincuentes las golpearon incluso con los mismos teléfonos.
Una adulta mayor resultó lesionada y una niña de ocho años presentó posteriormente un cuadro de mutismo asociado al trauma sufrido durante aquella noche.
La camioneta apareció posteriormente abandonada en Soacha.
“Sentimos miedo, impotencia y mucha angustia. Fuimos golpeados, maltratados y humillados”, relató una de las víctimas.
Para la familia, la carretera dejó de ser la misma después de esa madrugada.
Meses más tarde, la investigación que siguió esos y otros hechos desembocó en la operación contra “Los Pinchallantas”.
Meses siguiendo teléfonos, rostros y movimientos
La investigación fue avanzando caso por caso.
La Dirección de Tránsito y Transporte de la Policía, organismos de Policía Judicial, Fiscalía y unidades militares comenzaron a comparar denuncias.
Había patrones que se repetían: corredores semejantes, ataques nocturnos, neumáticos dañados, vehículos obligados a detenerse, personas trasladadas a lugares apartados y robos de dinero y automotores.
Los investigadores realizaron labores de inteligencia, análisis de información, entrevistas y reconocimientos que permitieron individualizar a los presuntos integrantes.
Las autoridades también buscaron establecer qué función cumplía cada persona dentro de la estructura.
Con el material recopilado, la Fiscalía acudió ante la justicia para solicitar las órdenes correspondientes.
El operativo comenzó en la madrugada
La fase operativa se puso en marcha el martes 8 de septiembre.
Eran aproximadamente las 6:00 de la mañana cuando comenzaron los procedimientos simultáneos.
Integrantes del Gaula Militar, Policía, Fiscalía y CTI llegaron a diferentes inmuebles de Bogotá y Soacha.
Las autoridades realizaron 12 diligencias de registro y allanamiento y materializaron 11 órdenes judiciales de capturacontra quienes serían integrantes de “Los Pinchallantas”.
En los procedimientos participaron tropas del Gaula Militar Cundinamarca de la Décima Tercera Brigada, con apoyo de la Sijín y el COPES de la Policía, en coordinación con la Dirección contra el Crimen Organizado de la Fiscalía y el CTI de Cundinamarca.
Entre los detenidos hay ciudadanos extranjeros, de nacionalidad venezolana según el reporte militar.
Fuentes abiertas han identificado entre los capturados a personas conocidas con los alias de “El Gordo” y “Diana”.
Tubos para pinchar, datáfonos y celulares: lo encontrado
Los allanamientos también permitieron encontrar elementos que ahora forman parte de la investigación.
El reporte del Ejército relacionó:
un arma de fuego, 15 tarjetas SIM, 13 teléfonos celulares, diez tubos de PVC y otros elementos presuntamente utilizados para fabricar los dispositivos destinados a perforar neumáticos, cuatro datáfonos, dos documentos de identidad y un vehículo tipo Chana.
Y los datáfonos, porque respaldarían la hipótesis de que la estructura no solo buscaba robar objetos físicos, sino también sacar dinero de las cuentas de las personas retenidas.
Los delitos por los que son investigados
Los once capturados quedaron a disposición de la justicia.
De acuerdo con la información entregada por las autoridades, son investigados por conductas que incluyen secuestro extorsivo agravado, secuestro simple, concierto para delinquir, hurto calificado y agravado y tráfico, fabricación o porte de armas de fuego.
La calificación jurídica definitiva dependerá de la imputación que realice la Fiscalía frente a cada procesado y de los hechos específicos que le atribuya individualmente.
Las capturas fueron realizadas por orden judicial, no en flagrancia.
Tras los procedimientos, los detenidos fueron presentados ante un juez de control de garantías para el trámite de legalización de las capturas. El proceso judicial continuará con la formulación de imputación de cargos y las solicitudes que presente la Fiscalía respecto de la situación jurídica de cada uno.
Hasta que exista una sentencia condenatoria, los capturados deben ser considerados inocentes.
¿Estaban también detrás de ataques en la Autopista Norte?
La investigación no termina en Mondoñedo.
Las autoridades buscan determinar si algunos de los procesados estarían relacionados con episodios registrados recientemente en la Autopista Norte, donde conductores denunciaron una modalidad semejante.
“De acuerdo con los investigadores, algunos de estos delincuentes también estarían implicados en hechos ocurridos recientemente en la Autopista Norte, donde habrían utilizado la misma modalidad”, aseguró el gobernador Jorge Rey.
La Policía también ha analizado movimientos de estructuras que emplean métodos similares en otros corredores que comunican a Bogotá con Cundinamarca.
“Hemos desarticulado a la banda criminal ‘Los Pinchallantas’”
Después de varios meses de investigación, el gobernador Jorge Emilio Rey anunció públicamente el resultado:
“Hemos desarticulado a la banda criminal ‘Los Pinchallantas’, que venía delinquiendo en la vía Mosquera–La Mesa, especialmente en el sector de Mondoñedo. Sus integrantes instalaban elementos en la carretera para afectar los vehículos y obligar a sus ocupantes a detenerse, momento que aprovechaban para secuestrarlos y robarlos”.
Y resumió el alcance que hasta ahora tiene el expediente:
“Hasta el momento, se han establecido 21 víctimas en nueve hechos, con pérdidas cercanas a los $750 millones”.
La otra trampa: una ambulancia y un supuesto accidente
La operación que permitió golpear a “Los Pinchallantas” reveló además otra modalidad.
Era diferente, pero partía del mismo principio: hacer que un conductor se detuviera en la carretera.
En este caso no había una llanta pinchada.
Había una ambulancia.
La segunda estructura fue identificada como “Los Rápidos” y, según la Policía, estaba integrada por seis personas que operaban principalmente sobre el corredor Mosquera–Girardot.
Los investigadores sostienen que utilizaban una ambulancia para simular siniestros viales. La escena parecía una emergencia real y conseguía que otros vehículos disminuyeran la velocidad o se detuvieran.
Entonces aparecían los delincuentes.
La Policía sostiene que quienes caían en la trampa podían ser intimidados y despojados de sus pertenencias, vehículos o mercancías.
Videos divulgados en redes sociales permitieron dimensionar el engaño: para quienes transitaban por el corredor, incluidos ciclistas y otros usuarios de la vía, lo que ocurría delante parecía inicialmente un accidente de tránsito. Solo después se advertía que hombres armados estaban aprovechando la detención de vehículos para cometer los robos.
Ese material audiovisual debe entenderse dentro de la investigación contra “Los Rápidos” y no como parte de la modalidad atribuida directamente a “Los Pinchallantas”.
Un cargamento de tecnología de $2.000 millones
Un episodio terminó siendo determinante para seguirles la pista.
Ocurrió el 12 de noviembre de 2025.
Un vehículo de carga transitaba por el corredor Mosquera–Girardot transportando aproximadamente 20 toneladas de elementos tecnológicos, cuyo valor fue calculado en cerca de $2.000 millones.
El automotor fue interceptado mediante la modalidad investigada.
La reacción de la Policía permitió recuperar tanto el vehículo como la totalidad de la mercancía.
A partir de ese episodio, los investigadores siguieron el rastro de la organización.
La Policía trabajó con la Fiscalía 4 Especializada de Estructura y Apoyo hasta individualizar a los seis señalados integrantes.
Finalmente se realizaron cinco diligencias de registro y allanamiento.
Un detalle llamó la atención: cuando se materializaron las órdenes, los seis investigados ya estaban recluidos en centros carcelarios, según el reporte de las autoridades.
Además, fueron afectados con fines de comiso dos vehículos de carga y la ambulancia que habría sido utilizada para desarrollar la modalidad.
“Los Rápidos” son investigados, entre otras conductas, por concierto para delinquir y hurto calificado y agravado.
17 capturados en la operación “Escudo de la Sabana”
El balance conjunto dejó entonces dos investigaciones diferentes:
11 presuntos integrantes de “Los Pinchallantas” y seis de “Los Rápidos”: 17 capturados en total.
Unos habrían convertido las llantas de los viajeros en el comienzo de la emboscada.
Los otros habrían utilizado algo que normalmente representa auxilio y protección —una ambulancia— para construir la apariencia de una emergencia y conseguir que los conductores frenaran.
Dos modalidades distintas, pero una misma lógica: crear un problema en la carretera, conseguir que la víctima se detuviera y atacar cuando quedara expuesta.
Para las familias que pasaron horas retenidas en zonas oscuras de Cundinamarca, sin embargo, el expediente no se mide únicamente en capturas, allanamientos o millones de pesos.
Se mide también en el miedo que quedó después.
Una de las víctimas de la emboscada de Mondoñedo lo resumió meses después, cuando conoció el resultado de la investigación:
“Esta noticia significa sentir que no fuimos olvidados y saber que lo que vivimos no quedó en la impunidad”.
Ahora será la justicia la que deberá establecer, individualmente, la responsabilidad de cada uno de los once capturados señalados de integrar “Los Pinchallantas”.