
Beber té de forma habitual se relacionó con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares. La investigación encontró una reducción relativa del 11 % entre los consumidores habituales, pero también una señal de alerta: tomarlo a temperaturas extremadamente altas se asoció con mayor riesgo vascular.
Los beneficios del té para la salud cardiovascular vuelven a estar en el centro de la investigación científica. Un amplio estudio publicado este miércoles 21 de octubre de 2026 en Journal of Internal Medicine encontró que las personas que consumen té habitualmente presentan un menor riesgo de desarrollar enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos. Pero hay un detalle importante: la temperatura a la que se bebe podría marcar la diferencia.
La investigación analizó a 485.934 adultos en China y realizó un seguimiento durante una mediana de 9,05 años. Durante ese periodo se registraron 14.863 casos de enfermedad cardiovascular, cerebrovascular, cardiopatía pulmonar y enfermedad arterial periférica.
El resultado principal indica que el consumo habitual de té estuvo asociado con una reducción relativa de aproximadamente el 11 % en el riesgo de enfermedad vascular frente a quienes no lo tomaban regularmente.
¿Cuáles son los posibles beneficios del té para el corazón?
El té contiene polifenoles, entre ellos flavonoides, sustancias de origen vegetal estudiadas por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Estos compuestos pueden contribuir a proteger las células que recubren los vasos sanguíneos y favorecer la capacidad de las arterias para relajarse y dilatarse.
Entre los principales beneficios potenciales asociados al consumo de té se encuentran:
- Protección de los vasos sanguíneos: los polifenoles pueden contribuir a mantener el funcionamiento adecuado de las células que recubren las arterias.
- Efecto antioxidante y antiinflamatorio: sus compuestos vegetales pueden ayudar frente al daño oxidativo y los procesos inflamatorios.
- Posible mejora de algunos indicadores cardiovasculares: investigaciones previas han relacionado el té con pequeñas mejoras de la presión arterial y del colesterol.
- Menor riesgo vascular observado: en el nuevo estudio, quienes bebían té con regularidad presentaron alrededor de un 11 % menos de riesgo relativo.
- Una alternativa a las bebidas azucaradas: beber té sin azúcar en lugar de refrescos, zumos u otras bebidas con azúcar añadido puede reducir el consumo de estos azúcares y favorecer el control del peso y la salud metabólica.
Sin embargo, ninguno de estos resultados convierte al té en un medicamento ni demuestra por sí mismo que beberlo vaya a prevenir un infarto.
¿Qué encontraron exactamente los investigadores?
Los participantes tenían entre 30 y 79 años y proporcionaron información sobre sus hábitos: con qué frecuencia bebían té, qué variedad consumían, qué intensidad tenía la infusión y a qué temperatura acostumbraban a tomarla.
Tras analizar los datos, los investigadores encontraron que los consumidores habituales de té tenían aproximadamente un 11 % menos de riesgo relativo de enfermedad vascular. Además, el menor riesgo general apareció entre personas que combinaban el consumo habitual de té con no fumar y una elevada actividad física.
Ese último resultado es especialmente importante: una taza de té no sustituye los hábitos que realmente conforman un estilo de vida saludable.
Negro o verde: ¿qué té resultó mejor?
El té negro y el té verde proceden de la misma planta, Camellia sinensis, pero el procesamiento de las hojas hace que presenten diferencias en su composición.
En este estudio, el té negro mostró asociaciones más consistentes con un menor riesgo vascular que el té verde, mientras que las infusiones de intensidad moderada fueron las que se asociaron con el riesgo más bajo.
Eso no implica que haya que abandonar el té verde. Los resultados no demuestran que cambiar una variedad por otra vaya a producir directamente una reducción del riesgo cardiovascular.
La gran advertencia: no beberlo extremadamente caliente
La temperatura proporcionó uno de los resultados más llamativos.
Las personas que dijeron consumir el té “ardiendo” o extremadamente caliente presentaron un 16 % más de riesgo de enfermedad vascular frente a quienes no bebían té regularmente. Por el contrario, quienes lo tomaban a temperatura ambiente o caliente, pero no a niveles extremos, mostraron menor riesgo.
Hay, no obstante, una limitación esencial: los investigadores no midieron la temperatura de cada bebida. Los participantes simplemente indicaron cómo acostumbraban a consumirla. Lo que para alguien significa “muy caliente” puede no coincidir con la percepción de otra persona.
Por eso, el estudio no establece una temperatura exacta a partir de la cual el té deje de ser beneficioso para el corazón.
La recomendación práctica es sencilla: dejar enfriar la bebida hasta que pueda consumirse cómodamente, evitando temperaturas capaces de quemar la boca o la garganta.
¿Hay que tomar entre seis y ocho tazas al día?
No necesariamente. Entre los participantes que consumían té semanalmente, el menor riesgo estimado apareció alrededor de seis a ocho tazas diarias. Sin embargo, los propios investigadores y expertos han advertido que esa cifra no debe interpretarse como una recomendación de consumo.
Hay varias razones.
El tamaño de las tazas no estaba estandarizado, el consumo se evaluó a partir de información proporcionada por los propios participantes y el estudio fue observacional. Además, al superar esas cantidades, el riesgo estimado comenzó nuevamente a aumentar.
Por tanto, beber ocho tazas diarias con la idea de proteger el corazón sería extraer una conclusión que la investigación no permite hacer.
Tampoco hay que olvidar la cafeína
El té contiene cafeína. Según la información recopilada por CNN, una taza de unos 240 mililitros de té negro suele aportar entre 30 y 50 miligramos; el té verde por lo general contiene menos, aunque eso no significa que esté libre de cafeína.
Este aspecto merece atención especialmente entre personas sensibles a la cafeína o que experimentan insomnio, ansiedad o palpitaciones.
Por ello, más té no equivale automáticamente a más salud.
Un estudio grande, pero no una prueba definitiva
Aunque casi medio millón de participantes y nueve años de seguimiento proporcionan una base de datos considerable, la investigación es observacional. Eso significa que permite identificar asociaciones, pero no demostrar que el té sea directamente responsable de reducir el riesgo de enfermedad.
Factores como el resto de la alimentación, los ingresos económicos y determinados hábitos de vida podrían explicar parte de las diferencias observadas y no quedaron completamente ajustados en el análisis, según especialistas que revisaron los resultados.
Entonces, ¿cómo tomar el té?
La evidencia deja unas conclusiones prácticas, pero sin convertir la bebida en una receta médica:
Tomarlo sin azúcar añadido, si es posible, especialmente cuando reemplaza bebidas azucaradas.
No beberlo extremadamente caliente. Esperar a que alcance una temperatura confortable evita quemaduras y puede ser relevante desde el punto de vista de la salud.
Tanto el té verde como el negro pueden formar parte de la dieta. El nuevo estudio encontró asociaciones más consistentes para el negro, pero no demuestra que sea necesario sustituir uno por otro.
Vigilar la cafeína, particularmente ante problemas de sueño, ansiedad o palpitaciones.
Y, sobre todo, no pensar que el té puede compensar otros factores de riesgo. La combinación de no fumar, realizar actividad física y consumir té habitualmente fue precisamente la que se relacionó con el menor riesgo vascular en la investigación.
En resumen, quien ya disfruta de una taza de té tiene razones para seguir haciéndolo dentro de una dieta equilibrada. Quien no lo bebe no necesita empezar a consumirlo por obligación para cuidar su corazón.
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