La tragedia del avión C-130 Hércules de la Fuerza Aeroespacial Colombiana en Puerto Leguízamo, Putumayo, dejó al menos 68 fallecidos al cierre de esta edición, mientras las autoridades continuaban la búsqueda de una persona reportada como desaparecida y mantenían la atención de decenas de sobrevivientes en varios centros médicos del país. El siniestro ocurrió en la mañana del 23 de marzo, pocos segundos después del despegue, cuando la aeronave cayó cerca del aeropuerto local y se incendió.
La cifra de ocupantes también fue ajustada durante la emergencia. Después de una primera información que hablaba de 128 personas a bordo, las Fuerzas Militares corrigieron el registro y señalaron que en realidad eran 127, tras verificar los listados de pasajeros y establecer que uno de los uniformados reportados inicialmente como ileso no había abordado el vuelo. Esa corrección explica parte de la confusión que ha rodeado los balances de muertos, heridos y rescatados a lo largo de la jornada.
La aeronave, identificada como el FAC 1016, había salido de Bogotá sobre las 6:30 de la mañana, aterrizó en Puerto Leguízamo para recoger tropas y volvió a despegar hacia Puerto Asís cerca de las 9:50 o 9:54 a. m. Fue en ese segundo trayecto cuando se produjo la emergencia. Según los reportes preliminares, el avión no logró ganar altura suficiente y cayó a poca distancia de la pista, en una zona cercana al casco urbano, lo que permitió la rápida llegada de habitantes del municipio, bomberos y personal de apoyo.
La primera respuesta fue, en buena medida, comunitaria. Autoridades locales y medios nacionales han coincidido en que vecinos de la zona acudieron antes que los equipos especializados y comenzaron a sacar heridos entre las llamas y los restos del fuselaje. Esa reacción temprana fue clave para rescatar con vida a varios ocupantes, en una escena agravada por el incendio y por la detonación de parte de la munición que transportaba la tropa, un hecho que el Ministerio de Defensa atribuyó al fuego posterior al impacto y no a un ataque externo.
En materia de atención médica, el Hospital Militar Central informó que recibió 24 pacientes, entre ellos un rescatista. Según su primer parte oficial, 21 quedaron hospitalizados en piso, uno ingresó a la Unidad de Cuidados Intensivos y dos permanecían en observación en urgencias. Además, otros heridos fueron trasladados a centros asistenciales de Florencia y Neiva; en Florencia, la clínica Mediláser reportó atención a uniformados con politraumatismos y quemaduras severas.
Desde Puerto Leguízamo, el gerente del hospital local reportó que los primeros lesionados comenzaron a llegar hacia las 10:10 de la mañana con fracturas, múltiples traumatismos y quemaduras de alta complejidad. Ese balance coincide con el retrato general de la emergencia: sobrevivientes con lesiones graves, traslados contrarreloj y una red hospitalaria regional exigida al máximo por una catástrofe de gran escala.
En paralelo, Medicina Legal informó que los cuerpos de las víctimas serían trasladados a su sede regional en Bogotá para adelantar el proceso forense integral de identificación. La medida busca centralizar los análisis técnico-científicos y facilitar la entrega oficial de información a las autoridades judiciales y a las familias, en medio de una emergencia que desbordó la capacidad de la morgue municipal de Puerto Leguízamo.
Sobre las posibles causas del accidente, por ahora no hay una conclusión oficial. Las hipótesis que se analizan incluyen una eventual falla mecánica durante el despegue, las condiciones operativas de la aeronave, el peso de la carga y las limitaciones de la pista del aeropuerto. El ministro de Defensa afirmó que, con la información disponible hasta ahora, no hay indicios de un ataque de grupos armados ilegales y sostuvo que la aeronave se encontraba en condiciones de aeronavegabilidad y que la tripulación estaba debidamente calificada.
El accidente volvió a poner bajo la lupa la infraestructura de Puerto Leguízamo, una población apartada donde el acceso depende en gran medida de la vía aérea y fluvial. Autoridades locales han insistido en que la tragedia dejó al descubierto falencias en capacidad hospitalaria, conectividad y condiciones aeroportuarias, en un territorio donde una emergencia de esta magnitud obliga a depender de puentes aéreos y de traslados a otras ciudades. Mientras avanzan los peritajes, el país sigue pendiente de dos frentes: la suerte de la persona desaparecida y las respuestas técnicas sobre por qué uno de los aviones más robustos de la aviación militar colombiana cayó apenas segundos después de levantar vuelo.


