Estudio U Javeriana: por qué los edificios de 4 y 5 pisos colapsaron en Cali y por qué los barrios populares resistieron mejor el terremoto

Estudio de la Universidad Javeriana revela que más del 80 % de los daños se concentraron en una zona específica del sur de Cali. El fenómeno de resonancia, la antigüedad de las construcciones y el tipo de suelo fueron determinantes en la magnitud de los daños.

INFORME UNIVERSIDAD JAVERIANA «CALI SOBRE SU PROPIO SUELO»

Cali. Nueve días después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente colombiano y dejó una estela de destrucción en Cali, la Pontificia Universidad Javeriana Cali publicó uno de los análisis técnicos más completos sobre la emergencia. El informe, titulado «Cali sobre su propio suelo», fue elaborado por los investigadores y profesores Harold Medina Garzón y Carlos Duarte, quienes llegaron a conclusiones que podrían cambiar la forma en que la ciudad entiende y gestiona su riesgo sísmico.

El documento, responde dos de las preguntas que más han intrigado a expertos y ciudadanos desde el desastre: ¿por qué fueron los edificios pequeños los más afectados? y ¿por qué barrios populares como Siloé resistieron mejor el movimiento telúrico que sectores de estratos altos?

Más del 80 % de los daños se concentraron en una sola zona de Cali

Uno de los principales hallazgos del estudio es que el terremoto no afectó a la ciudad de manera uniforme.

Según el análisis, más del 80 % de las afectaciones reportadas se concentraron al occidente de la Carrera 50, especialmente en el denominado abanico aluvial de Cañaveralejo, una extensa franja del sur y occidente de Cali que históricamente ha estado relacionada con los antiguos cauces y zonas de inundación de los ríos Cañaveralejo y Meléndez.

La investigación identificó que barrios ubicados en la Comuna 19 registraron los niveles más altos de afectación estructural, mientras que otros sectores de la ciudad experimentaron daños considerablemente menores.

Para los expertos, esta distribución demuestra que el riesgo sísmico en Cali no depende únicamente de la intensidad del terremoto, sino también de las características geológicas del terreno sobre el cual se construyó cada sector urbano.

¿Por qué colapsaron más los edificios de 4 y 5 pisos?

La respuesta está en un fenómeno conocido como resonancia estructural.

De acuerdo con Harold Medina, la frecuencia de vibración generada por el terremoto coincidió con la frecuencia natural de oscilación de numerosas edificaciones de cuatro y cinco pisos ubicadas en la zona de Cañaveralejo.

«El suelo vibró o osciló en el mismo nivel de resonancia de estas estructuras de 4 o 5 pisos que fueron las que más se afectaron», explicó el investigador.

En términos sencillos, cada edificio responde de manera distinta a un movimiento sísmico. Cuando la frecuencia del terremoto coincide con la frecuencia natural de una estructura, ambas entran en una especie de sincronía que amplifica las vibraciones y aumenta significativamente el riesgo de daños.

Los edificios altos suelen tener períodos estructurales más largos y responden de manera diferente a las ondas sísmicas. Por el contrario, las edificaciones medianas y pequeñas pueden vibrar con mayor rapidez.

Según Medina, lo ocurrido en Cali indica que la energía liberada por el sismo se acopló especialmente a las edificaciones de cuatro y cinco niveles.

«Parece que la frecuencia con que vino el sismo vibró en la misma sintonía de estos edificios pequeños», señaló.

Esta circunstancia explicaría por qué numerosas torres más altas soportaron mejor el movimiento que estructuras mucho más bajas.

La antigüedad de las construcciones agravó el problema

El informe también halló otro factor determinante: gran parte de los edificios afectados fueron construidos antes de la entrada en vigencia de las normas modernas de sismorresistencia.

Los investigadores recordaron que muchos de los conjuntos residenciales ubicados en los sectores más golpeados fueron desarrollados antes de la adopción de la primera norma sismorresistente nacional de 1984, expedida tras el devastador terremoto de Popayán de 1983.

Esto significa que numerosas estructuras fueron diseñadas y construidas bajo criterios técnicos menos exigentes que los actuales.

«Se suman varias cosas. También las técnicas constructivas del momento y el acceso a la información disponible en esa época», explicó Medina.

La combinación entre edificaciones antiguas, suelos complejos y el fenómeno de resonancia terminó creando condiciones especialmente peligrosas durante el terremoto.

El suelo de Cañaveralejo amplificó los efectos del terremoto

La Universidad Javeriana identificó además que el terreno donde se concentran los daños tiene características geológicas particulares.

El denominado abanico de Cañaveralejo está conformado por depósitos aluviales generados históricamente por los ríos Cañaveralejo y Meléndez.

Son terrenos que durante décadas estuvieron expuestos a inundaciones, sedimentaciones y cambios en los cursos de agua.

Adicionalmente, parte del río Cañaveralejo fue canalizado desde mediados de los años sesenta, modificando la dinámica natural del sector.

Estas condiciones influyen directamente en la manera como las ondas sísmicas viajan por el subsuelo.

La investigación concluye que este tipo de terrenos puede amplificar determinadas frecuencias sísmicas, aumentando la vulnerabilidad de ciertos tipos de edificaciones.

¿Por qué Siloé y otros barrios humildes resistieron mejor?

Quizá el hallazgo más sorprendente del estudio tiene relación con los barrios populares.

Mientras sectores residenciales de estratos medios y altos sufrieron colapsos y severas afectaciones, barrios como Siloé no registraron daños comparables.

Aunque los investigadores aclararon que se trata de una hipótesis que requiere estudios adicionales, Harold Medina plantea una explicación relacionada con la forma en que están construidas estas comunidades.

Según el arquitecto, muchas de las viviendas populares funcionan como una especie de «manzana homogénea».

La mayoría de las edificaciones tienen entre dos y tres pisos y presentan alturas similares, lo que habría permitido que respondieran de forma más uniforme al movimiento sísmico.

«A pesar de la precariedad o la buena calidad en cada caso de cada vivienda, funcionó en conjunto como una manzana homogénea», señaló.

Durante los recorridos de campo realizados después del sismo, los investigadores encontraron casos sorprendentes.

En algunos proyectos de vivienda formal de interés social aparecieron daños estructurales importantes, mientras que frente a ellos existían agrupaciones de viviendas autoconstruidas que permanecían prácticamente intactas.

Para los expertos, este comportamiento merece estudios más profundos porque podría aportar lecciones valiosas para el diseño urbano futuro.

La ciudad conocía estos riesgos desde hace más de 20 años

Uno de los aspectos más contundentes del informe es que muchas de estas vulnerabilidades ya eran conocidas.

Los investigadores recuerdan que Cali cuenta desde 2005 con estudios de microzonificación sísmica, documentos técnicos que identificaron cómo se comportan los distintos tipos de suelo de la ciudad frente a un terremoto.

Sin embargo, el estudio concluye que esa información no fue integrada adecuadamente con los inventarios de edificaciones ni con las estrategias de planificación urbana.

En otras palabras, la ciudad tenía diagnósticos sobre sus zonas más vulnerables, pero no los aprovechó plenamente para orientar el crecimiento urbano y la prevención del riesgo.

Las recomendaciones para evitar otra tragedia

A partir de los hallazgos, la Universidad Javeriana planteó una hoja de ruta para fortalecer la seguridad sísmica de Cali:

  • Actualizar la microzonificación sísmica con la información obtenida tras el terremoto del 10 de agosto.
  • Integrar en una sola plataforma los datos sobre suelos, edificaciones y vulnerabilidad estructural.
  • Priorizar programas de reforzamiento para edificios ubicados en zonas críticas como el abanico de Cañaveralejo.
  • Desarrollar estudios específicos en sectores de ladera y zonas orientales de la ciudad.
  • Garantizar que la información técnica sea pública y accesible para ciudadanos y constructores.

Una advertencia que Cali no puede ignorar

Para los investigadores Harold Medina y Carlos Duarte, la principal lección del terremoto es que las catástrofes no dependen únicamente de la fuerza de la naturaleza, sino también de las decisiones humanas sobre dónde y cómo se construye.

El informe concluye que ignorar la evidencia científica sería un grave error para la ciudad.

Más allá de reconstruir los barrios afectados, el verdadero desafío será utilizar la información obtenida para reducir la vulnerabilidad futura de Cali y evitar que un nuevo terremoto vuelva a cobrar vidas y destruir patrimonio.

Las pérdidas económicas del sismo ya superan los 9.500 millones de dólares, pero los expertos advierten que el costo más alto sería no aprender las lecciones que dejó una de las mayores tragedias urbanas en la historia reciente de Colombia.