El país sigue de luto por la caída del avión C-130 Hércules de la Fuerza Aeroespacial Colombiana en Puerto Leguízamo. Los testimonios de los sobrevivientes reconstruyen los segundos de terror dentro de la aeronave, mientras Medicina Legal avanza en la identificación de las víctimas y el Gobierno anuncia apoyo en vivienda para las familias.
El sonido de la orden todavía persigue a uno de los militares que logró salir con vida. “Prepárense para impacto”, escuchó dentro del Hércules cuando la aeronave ya no respondía como debía. Iba en la parte trasera, cargado con más de 100 kilos de equipo, y dice que apenas pudo aferrarse a lo que llevaba encima mientras la estructura del avión empezaba a golpear y a sacudirse con violencia. A su alrededor, recuerda, no hubo tiempo para correr ni para pensar en una salida: solo para agacharse, sujetarse y esperar el golpe. Así lo relató en entrevista con Blu Radio.
Su relato coincide con otros testimonios conocidos en las últimas horas: dentro del avión el miedo se impuso en segundos, pero también una especie de disciplina automática. Algunos uniformados se inclinaron sobre sí mismos, otros buscaron apoyo en los costados de la cabina, y varios quedaron atrapados por el peso de sus equipos. Uno de los sobrevivientes relató después que ni siquiera sabe con claridad cómo salió entre los restos, porque al momento del choque sintió que el equipo le cayó sobre el pecho y lo inmovilizó.
La tragedia ocurrió el lunes 23 de marzo de 2026, pocos minutos después del despegue desde Puerto Leguízamo, en Putumayo. El C-130 Hércules cayó en una zona rural cercana al aeródromo cuando cubría una operación interna. El saldo consolidado que manejan las autoridades es de 69 muertos y 57 sobrevivientes heridos, en uno de los peores siniestros recientes de las Fuerzas Militares en Colombia.
A bordo viajaban integrantes del Ejército, de la Fuerza Aeroespacial Colombiana y de la Policía. Reportes coinciden en que entre los fallecidos hay 61 soldados del Ejército, 6 tripulantes de la Fuerza Aeroespacial y 2 policías. Los heridos fueron evacuados a centros asistenciales de Bogotá, Florencia, Neiva y otras ciudades, mientras Puerto Leguízamo enfrentaba la emergencia con una infraestructura médica desbordada.
La dimensión humana del desastre se hizo aún más evidente en Puerto Leguízamo, donde habitantes del municipio ayudaron en las labores de rescate improvisando cadenas humanas, baldes de agua y motocicletas para sacar a los heridos del lugar del impacto. Esa reacción comunitaria fue clave en los primeros minutos, cuando el fuego, el combustible y la munición que transportaba la aeronave agravaban el riesgo en la zona.
Mientras el país asistía al duelo, los sobrevivientes empezaron a contar fragmentos de lo ocurrido. Uno de ellos dijo que desde la cola del avión alcanzó a ver por una ventana que todo se salía de control. Luego llegaron los golpes, las sacudidas y la instrucción final de la tripulación. El testimonio ha conmovido por una frase que resume la impotencia de quienes iban a bordo: no hubo tiempo para nada.
En paralelo, el proceso de identificación de los fallecidos sigue avanzando en Bogotá. Medicina Legal informó que ya fueron plenamente identificadas 54 de las 69 víctimas, mientras que las 15 restantes siguen en proceso genético mediante toma y cotejo de muestras con sus familiares. El instituto también señaló que ya culminó los procedimientos forenses sobre la totalidad de los cuerpos recuperados.
Sobre la entrega a las familias, la información pública disponible todavía muestra un proceso en desarrollo. Las entregas que ya comenzaron de manera gradual. Con base en esas versiones, lo comprobable hasta ahora es que la identificación avanza y que la entrega digna de cuerpos se está haciendo de forma progresiva.
En medio del dolor, el Gobierno anunció una medida de reparación social. El ministro de Defensa, Pedro Arnulfo Sánchez, informó este viernes 27 de marzo que el Estado cubrirá el 100 % de las soluciones de vivienda para las familias de los integrantes de la Fuerza Pública que murieron en el accidente. Según explicó, el proceso se canalizará a través de la Caja de Honor del Ministerio de Defensa y vendrá acompañado de apoyo educativo para los hijos y asesoría jurídica para los hogares afectados.
Las investigaciones técnicas siguen abiertas y, por ahora, no hay una causa definitiva. Las autoridades han descartado preliminarmente un ataque de grupos armados y concentran la indagación en factores técnicos, logísticos, meteorológicos y humanos. Además, fue hallada la caja negra del avión, pieza clave para reconstruir los minutos previos al siniestro. Entre los primeros hallazgos conocidos públicamente está la hipótesis de que el piloto habría intentado descargar combustible antes del impacto, un dato que ahora deberá ser contrastado con los registros de vuelo y el análisis de los componentes de la aeronave.
También se revisa el historial técnico del aparato. De acuerdo con el comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, el avión —fabricado en 1983 e incorporado a la flota colombiana en 2020— había recibido mantenimiento mayor y tenía controles actualizados. Aun así, los motores, los sistemas de vuelo y las decisiones de cabina hacen parte del análisis que se adelanta bajo protocolos nacionales e internacionales.


