Así fue el rescate en el río Támesis de Zulma Guzmán, buscada por la Interpol por el caso del talio

La madrugada del 16 de diciembre de 2025, cuando aún no amanecía en Londres y el invierno marcaba el ritmo de la ciudad, un llamado de emergencia activó uno de los operativos de rescate más comentados de los últimos meses en el río Támesis. En las aguas heladas del afluente, a la altura del puente de Battersea, era rescatada con vida Zulma Guzmán Castro, una ciudadana colombiana que, solo horas después, sería identificada como requerida internacionalmente por la justicia de Colombia por el presunto envenenamiento con talio de dos menores de edad en Bogotá.

El rescate fue liderado por James Anthony, comandante de la Royal National Lifeboat Institution (RNLI), desde la estación de botes salvavidas de Chiswick, al occidente de Londres. En un relato publicado en el blog británico The Chiswick Calendar, Anthony narró minuto a minuto cómo se desarrolló el operativo, sin saber que la mujer a la que sacaban del agua era objeto de una circular roja de Interpol, la Fiscalía de Colombia la investiga por su presunta responsabilidad en la muerte de las dos niñas de 13 y 14 años que fallecieron tras consumir frambuesas con chocolate. 

El llamado de emergencia y la carrera contra el tiempo

Según el comandante, el teléfono de emergencia de la estación sonó a las 6:40 de la mañana, con el característico timbre que anuncia una activación inmediata. La orden provenía de la Guardia Costera de Su Majestad: había una persona en el río cerca del puente Battersea. Como es habitual, el equipo —integrado por tres o cuatro rescatistas, entre personal y voluntarios— se equipó rápidamente y recibió instrucciones precisas sobre la marea y las condiciones del lugar.

En cuestión de minutos, el bote clase E de la RNLI, con 870 caballos de fuerza, avanzaba río abajo a gran velocidad. En esa franja horaria, relató Anthony, solo algunos remeros se atrevían a estar en el agua. La embarcación alcanzó la zona en ocho minutos, pero la situación era crítica: los reportes indicaban que la persona ya estaba sumergida en el Támesis, cuya temperatura rondaba los 9 grados centígrados.

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La rescatada parecía decidida a no recibir ayuda

Durante el rastreo inicial, en el que también participaron unidades de la Policía Metropolitana y del Cuerpo de Bomberos de Londres, el reflector del bote detectó un movimiento a unos 25 metros. “Parecía un pequeño chapoteo”, escribió Anthony. No era un animal. Eran dos brazos agitados, luchando por mantenerse a flote.

El rescate en un río de mareas exige precisión y entrenamiento. Con cientos de horas de práctica, el equipo logró sacar a la mujer del agua. Sin embargo, hubo un detalle que llamó poderosamente la atención del comandante: la rescatada parecía decidida a no recibir ayuda. “Aunque no esperamos abrazos ni besos cada vez que alguien es rescatado del Támesis, resultó bastante extraño que ella pareciera tan decidida a no recibir ayuda.”, señaló.

«Y así fue como, con cientos de horas de práctica y experiencia a sus espaldas, un experiodista, un antiguo cartero, un exsoldado y un empresario jubilado lograron rescatar a una mujer que se mostraba bastante ansiosa por no ser auxiliada»: comandante del Támesis de la RNLI, James Anthony

Tras el rescate, se le practicaron los primeros auxilios, se le colocaron vendajes, se le brindaron palabras de contención y se le cubrió con una manta térmica. Posteriormente, fue entregada a una ambulancia del servicio de salud de Londres en un muelle de Chelsea. Para el equipo, el trabajo había terminado: regreso a la base y una taza de té caliente.

El relato de James Anthony al blog británico The Chiswick Calendar

Tripulación del bote salvavidas de Chiswick rescata a una mujer buscada por Interpol.
«Puedes huir de Interpol, pero nunca superar al bote salvavidas de Chiswick»: comandante del Támesis de la RNLI, James Anthony

Cuando el teléfono rojo de emergencia suena con su característico brrr-brrr de estilo años setenta en la estación del bote salvavidas de Chiswick, significa que la embarcación del RNLI, con base en el muelle de Chiswick, va a ser desplegada por solicitud de la Guardia Costera de Su Majestad.

Obviamente, el Rey no tiene idea de a qué tipo de emergencia se dirige el bote salvavidas y, hasta que el oficial de la Guardia Costera habla con el comandante de turno, tampoco lo sabe la tripulación de tres o cuatro personas que va a bordo.

Cuando suena el teléfono, significa que cualquier cosa puede estar ocurriendo en nuestro sector del Támesis (de Richmond a Chelsea).

Una persona en problemas, una embarcación en problemas, un perro en problemas, un gato en problemas… ya se hacen una idea.

Por eso no fue ninguna sorpresa cuando, recientemente, el mencionado teléfono cobró vida a las 6:40 de la mañana y la Guardia Costera asignó al bote salvavidas la atención de una persona en el río, a la altura del puente de Battersea.

El procedimiento es que la tripulación —normalmente otro miembro del personal y uno o dos voluntarios— se equipa y recibe del comandante la información sobre el incidente al que se dirige, además de un recordatorio de los roles de cada uno a bordo y del estado de la marea cuando lleguen “a la escena”.

Luego viene una caminata rápida o un trote suave (correr implica pánico) por el pontón hasta el bote salvavidas, una breve transmisión por radio a la Autoridad Portuaria de Londres y partimos río abajo hacia Battersea.

A esa hora, en una fría mañana de invierno, solo los remeros y sus entrenadores están lo suficientemente locos como para estar en el agua.

Algún Uber Clipper puede estar en servicio, pero, en términos generales, el bote salvavidas de 870 caballos de fuerza tiene el río para él solo.

Ni el comandante al timón, ni el navegante ni el resto de la tripulación se cansan jamás de la sensación que produce la embarcación clase E con propulsión por chorro de agua, surcando el río a velocidades de hasta 44 nudos.

Equipo de rescate de la Royal National Lifeboat Institution (RNLI), Foto: blog británico The Chiswick Calendar

En un buen día, es como volar en una alfombra mágica por el oeste de Londres. Un privilegio absoluto. Battersea se alcanza en unos ocho minutos.

Aquella mañana en particular, los reportes de que la persona ya estaba en el agua añadieron un sentido de urgencia a lo que ya de por sí es una situación bastante dinámica.

También fueron enviados a la zona botes —en el argot se les llama “activos”— de la Policía Metropolitana y del Cuerpo de Bomberos de Londres. Se realizó la búsqueda apresurada habitual antes de pasar a una más meticulosa.

Fue entonces cuando el reflector del bote salvavidas iluminó un pequeño chapoteo a unos 25 metros por delante de nosotros.

Parecía un ave pequeña intentando salir del agua, o una nutria abriéndose paso por el río.

Excepto que, por supuesto, no era ninguna de las dos cosas: eran un par de brazos.

Agitándose en las heladas aguas del Támesis (nueve grados centígrados en esta época del año). Recuperar a una persona a bordo en un río con mareas requiere entrenamiento previo y no es apto para personas de corazón débil.

Y así fue como, con cientos de horas de práctica y experiencia a sus espaldas, un experiodista, un antiguo cartero, un exsoldado y un empresario jubilado lograron rescatar a una mujer que se mostraba bastante ansiosa por no ser auxiliada.

Aunque no esperamos abrazos ni besos cada vez que alguien es rescatado del Támesis, resultó bastante extraño que ella pareciera tan decidida a no recibir ayuda.

Tras brindarle la atención habitual —curaciones, palabras de aliento y una manta térmica— la mujer fue entregada al cuidado del servicio de ambulancias de Londres en un muelle de Chelsea.

Trabajo cumplido, palmadas en la espalda y de regreso al muelle de Chiswick para tomar una taza de té.

Solo al día siguiente, después de que un amigo policía me enviara un enlace de prensa, descubrimos que la persona rescatada, de nacionalidad colombiana, era objeto de una búsqueda internacional por su presunta relación con un homicidio.

Pero, como en cada uno de los rescates realizados por el RNLI durante los últimos 201 años, no hubo juicios.

Solo orgullo por el deber cumplido. Y una broma sobre cómo se puede huir de Interpol, pero nunca superar al bote salvavidas de Chiswick.

James Anthony es comandante del RNLI en el río Támesis.


De rescate a detención: el giro judicial

Al día siguiente del operativo, las autoridades británicas confirmaron que la mujer rescatada era Zulma Guzmán Castro, requerida por Colombia por su presunta responsabilidad en la muerte de dos niñas intoxicadas con talio, ocurrida el 3 de abril de 2025 en Bogotá. La Fiscalía colombiana la señala de homicidio agravado y tentativa de homicidio contra otras dos personas, también afectadas por la sustancia.

James Anthony (a la izquierda) junto a su tripulación. Foto: Blog británico The Chiswick Calendar

Tras ser atendida médicamente durante algunos días en una clinica de salud mental y al se dada de alta, Guzmán quedó bajo custodia y posteriormente fue enviada a la prisión femenina HMP Bronzefield, centro penitenciario para mujeres en el Reino Unido.

Vea aquí la entrevista exclusiva de Zulma Guzmán con Focus Noticias:

Audiencias de extradición y lo que viene

El 12 de enero de 2026, Guzmán compareció de forma virtual ante la Westminster Magistrates’ Court en una audiencia de trámite que duró cuatro minutos. La diligencia permitió verificar su identidad, constatar su comparecencia y fijar la próxima audiencia para el 9 de febrero de 2026 a las 10:45 a. m. (hora de Londres). No se discutieron pruebas ni culpabilidad.

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Mientras avanza el proceso, el Ministerio de Justicia de Colombia estima que, una vez resueltos los recursos pendientes en el sistema judicial británico, la extradición podría concretarse.

Un rescate sin juicios

Para la RNLI y su comandante, el operativo del Támesis fue uno más dentro de su misión humanitaria. El giro judicial llegó después. Como resumió James Anthony: “No hubo juicios, solo orgullo por un trabajo bien hecho”. Un rescate que, sin saberlo, se convirtió en el primer eslabón de un proceso internacional que hoy mantiene a Zulma Guzmán en el centro de uno de los casos judiciales más sensibles entre Colombia y el Reino Unido.