La trampa electoral del siglo: CNE sanciona la campaña de Gustavo Petro Urrego
El 27 de noviembre de 2025 quedará registrado como una fecha histórica en la vida institucional de Colombia. El Consejo Nacional Electoral (CNE) sancionó una campaña presidencial por violar las reglas de financiación. Y no cualquier campaña: la del hoy presidente Gustavo Petro.
Con una votación contundente de 6 a 3, el organismo determinó que la campaña Petro Presidente 2022-2026 hizo trampa para ganar, ocultando gastos, recibiendo financiación prohibida y excediendo los topes establecidos por la ley.
Más allá de los tecnicismos jurídicos, el mensaje político es devastador: la primera campaña que llevó al poder a un presidente de izquierda en Colombia no solo no cumplió las reglas, sino que las incumplió de manera sistemática, reiterada y deliberada.
Los números no mienten
Según la ponencia final elaborada por los magistrados Benjamín Ortiz y Álvaro Hernán Prada, la campaña ocultó y excedió recursos por cifras que ningún movimiento político serio podría atribuir a simples “errores contables”.
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Según el CNE, por lo menos en 3.042 millones de pesos la aludida campaña violentó los topes de gasto y 3.698 millones fueron ocultados.
En primera vuelta hubo 2.611 millones no reportados, de los cuales 2.459 millones violaron topes de gasto. En segunda vuelta: 1.087 millones no reportados, de los cuales 583 millones violaron también topes de gasto.
Y la resolución del CNE amplía aún más el panorama: en total, la campaña sobrepasó los límites legales en 5.300 millones de pesos, dividiendo este desorden financiero en 3.700 millones no reportados en primera vuelta y 1.600 millones en segunda vuelta.
No se trata de diferencias menores ni de errores administrativos. Se trata de una campaña que llegó al poder con artimañas, algo que no ha sido muy distinto a lo que ocurre en este nefasto gobierno.
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Y como si fuera poco, la reacción del presidente Gustavo Petro, lejos de mostrar la serenidad institucional que exige su cargo, lo que hizo fue atacar al árbitro. Usando sus redes sociales, arremetió contra magistrados y conjueces del CNE, insinuando sesgos y complots, como si un fallo de una autoridad pudiera evaporarse a punta de trinos.
El CNE respondió con firmeza y rechazó los ataques personales, recordando además que sus decisiones no responden a ideologías sino a pruebas, y reafirmando, entre otras cosas, que todas sus actuaciones están “estrictamente ceñidas a la Constitución y la ley”.
En una democracia madura, esto debería ser una obviedad. Pero en el clima político que ha promovido el petrismo —donde toda crítica es “persecución” y toda autoridad independiente es “enemiga”— defender la institucionalidad se volvió un acto de valentía.
La decisión del CNE no solo golpea dicha campaña. Golpea también el corazón de Ecopetrol, donde hoy está entronizado Ricardo Roa, gerente de dicha campaña en 2022 y uno de los principales responsables del desorden financiero confirmado en el fallo del CNE.
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Aunque el fallo del CNE no lo saca automáticamente de la presidencia de la entidad petrolera, sí hace que su permanencia sea un despropósito cada vez más difícil de justificar.
No es el único escándalo que carga a sus espaldas: también está la polémica contratación de Covington & Burling LLP por 5,8 millones de dólares para analizar el impacto de sus propios líos judiciales; la retención de correos electrónicos de 70 funcionarios, que provocó —para recordar— la renuncia de Mónica de Greiff.
Todo esto ha generado un desplome reputacional de Ecopetrol: del top 3 histórico a caer al puesto 17 del ranking Merco 2025, entre otros.
El petrismo intentará convertir este fallo en una narrativa de victimización. Hablarán de “golpe blando”, de “persecución”, de “élite reaccionaria”. Pero el fallo del CNE abre varias avenidas institucionales que no dependen de discursos, sino de pruebas.
La democracia colombiana deberá demostrar si es capaz de procesar jurídicamente a un presidente sin caer en el caos político o en la impunidad. Por eso, este fallo no es un trámite más. Es una línea roja. Y también una advertencia: el poder político no puede ser excusa para torcer las reglas electorales.
Petro no ha respondido de fondo. Solo se ha dedicado a atacar. Pero el país ya cuenta con una verdad institucional: su campaña hizo trampa, y fue el CNE —no la oposición, ni los medios, tampoco la derecha— quien lo confirmó.
La democracia se fortalece cuando las reglas se cumplen. Y se debilita cuando se cuestionan las instituciones que son el guardián de dicha democracia.


