Segunda vuelta presidencial: ¿para dónde van los votos de Claudia López, Sergio Fajardo y el voto en blanco?

Tras los resultados de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, la campaña entra en una nueva fase: la disputa por los votos que no llegaron a Abelardo de la Espriella ni a Iván Cepeda, los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta y que ahora deberán buscar apoyos entre sectores de centro, independientes, votantes inconformes y ciudadanos que respaldaron candidaturas minoritarias.

Con el preconteo casi completo, Abelardo de la Espriella terminó en primer lugar con cerca de 10,3 millones de votos, seguido por Iván Cepeda, con más de 9,6 millones. Como ninguno alcanzó el 50 % más uno de los votos válidos, ambos se enfrentarán en la segunda vuelta prevista para el 21 de junio de 2026.

El centro político quedó nuevamente golpeado. Sergio Fajardo obtuvo alrededor del 4,3 % (1.009.500 votos) de la votación, mientras Claudia López alcanzó cerca del 1 % (225.100 votos). Aunque sus resultados fueron bajos frente a las expectativas, juntos suman aproximadamente 1,2 millones de votos, una cifra que podría ser decisiva en una elección cerrada.

La gran pregunta es hacia dónde se moverán esos electores. En el caso de Fajardo, su voto suele estar asociado a sectores moderados, urbanos, académicos y críticos tanto del petrismo como de la derecha más dura. Por eso, su decisión política —si decide apoyar a alguno de los dos finalistas o mantener independencia— puede influir en una parte de su electorado, aunque no garantiza una transferencia automática.

Claudia López, por su parte, representa un sector de centro y centroizquierda crítico del gobierno, pero también distante del discurso de mano dura de Abelardo de la Espriella. Claudia López, por su parte, reconoció la derrota y lanzó fuertes críticas contra Abelardo de la Espriella, a quien calificó como una amenaza para los derechos de mujeres y minorías. Sin embargo, también advirtió que un eventual apoyo a Iván Cepeda dependería de un giro hacia el centro. Su postura deja abierta la posibilidad de que parte de su electorado se divida entre Cepeda, el voto en blanco o la abstención.

Tras los resultados, ese voto podría dividirse entre quienes vean en Iván Cepeda una opción más cercana en temas sociales y quienes prefieran votar contra el continuismo del actual gobierno.

Otro fenómeno llamativo fue el de Santiago Botero, candidato independiente que sorprendió al superar los 205.000 votos, equivalentes a cerca del 0,87 %. Su campaña, marcada por propuestas radicales de seguridad y justicia, logró captar electores inconformes con la política tradicional y con el manejo de la criminalidad. Ese caudal podría inclinarse mayoritariamente hacia De la Espriella, por afinidad en el discurso de orden y seguridad, aunque también hay un componente de voto protesta difícil de disciplinar.

Voto en blanco

El voto en blanco también entra en la discusión. En primera vuelta superó los 400.000 votos, una señal de inconformidad de ciudadanos que no se sintieron representados por ninguna candidatura. Sin embargo, en segunda vuelta su efecto es distinto: aunque se puede votar en blanco, no obliga a repetir la elección y gana el candidato que obtenga más votos entre los dos finalistas.

El voto en blanco también será protagonista. Aunque no pasa a segunda vuelta como una candidatura alternativa, sí puede convertirse en una forma de protesta para ciudadanos que no se sienten representados ni por De la Espriella ni por Cepeda.

La abstención será otro factor clave. Aunque la primera vuelta tuvo una participación alta, los comandos de campaña saben que la segunda vuelta no solo se gana conquistando apoyos de candidatos derrotados, sino movilizando nuevos electores. La capacidad de llevar a las urnas a ciudadanos que no votaron el 31 de mayo puede ser tan importante como atraer el voto de centro.

El respaldo de Paloma Valencia y del expresidente Álvaro Uribe a Abelardo de la Espriella marca una primera reorganización de la derecha. Ese apoyo puede trasladar buena parte del voto uribista hacia el abogado penalista, aunque queda por ver qué hará el sector más moderado que acompañó a Juan Daniel Oviedo, fórmula vicepresidencial de Valencia.

Abelardo de la Espriella intentará consolidar el apoyo de Paloma Valencia y del uribismo, sumar votantes de seguridad dura, atraer sectores empresariales y conquistar a ciudadanos inconformes con el gobierno Petro. Iván Cepeda, en cambio, buscará mantener unido al Pacto Histórico, sumar votantes progresistas, atraer sectores sociales y convencer a una parte del centro con un mensaje de garantías democráticas y reformas sociales.

La segunda vuelta se perfila como una competencia voto a voto. Los respaldos de los excandidatos serán importantes, pero el resultado dependerá de algo más complejo: cómo voten los ciudadanos que no se sienten plenamente representados por ninguno de los dos finalistas y qué campaña logre generar menos rechazo en el centro político.

La segunda vuelta, prevista para el 21 de junio, no solo dependerá de los apoyos formales de excandidatos. También será decisiva la capacidad de cada campaña para conquistar nuevos electores, reducir resistencias, movilizar abstencionistas y convencer a quienes votaron por opciones minoritarias

En el caso de Iván Cepeda, el reto será ampliar su base más allá del Pacto Histórico. Para competir con opciones reales en segunda vuelta, necesitará atraer votantes de centro, sectores independientes, jóvenes, ambientalistas, mujeres y ciudadanos que rechazan el discurso de la extrema derecha, pero que tampoco se sienten plenamente identificados con el actual gobierno.