La primera vuelta presidencial del 31 de mayo dejó un nuevo mapa político en Colombia. Con 10.361.499 votos, equivalentes al 43,74 % de la votación nacional, Abelardo de la Espriella se convirtió en el candidato más votado de la primera vuelta presidencial y logró una ventaja de 673.138 sufragios sobre Iván Cepeda Castro, quien alcanzó 9.688.361 votos, correspondientes al 40,90 %. Aunque ambos avanzaron a la segunda vuelta del próximo 21 de junio, la diferencia dejó a De la Espriella con una importante ventaja política de cara a la nueva campaña presidencial.
La jornada también dejó una fuerte controversia institucional luego de que el presidente Gustavo Petro afirmara que no aceptaba los resultados del preconteo y cuestionara el software electoral. Aunque el preconteo no tiene efectos jurídicos definitivos y el resultado oficial depende del escrutinio, las declaraciones del mandatario generaron rechazo en sectores políticos y entre expertos electorales, por tratarse de un pronunciamiento inusual desde la Presidencia frente a una elección en curso.
La votación de Iván Cepeda fue alta y consolidó al Pacto Histórico como una fuerza competitiva, pero no logró superar a De la Espriella pese al respaldo del oficialismo. Para varios analistas, el resultado funcionó como una especie de referendo sobre la gestión del actual gobierno del presidente Gustavo Petro, en medio de una campaña marcada por la seguridad, la economía, la polarización y las críticas al presidente.
El expresidente Álvaro Uribe también quedó en una situación compleja. Aunque Paloma Valencia fue la candidata del Centro Democrático y obtuvo 1.639.685 votos con el 6,92 % de la votación, el uribismo no logró pasar a segunda vuelta con nombre propio. Sin embargo, Uribe y Valencia anunciaron su respaldo a Abelardo de la Espriella, lo que convierte a la derecha en un bloque más unificado para la segunda vuelta, pero también evidencia que el liderazgo electoral del sector se desplazó hacia un candidato externo a la estructura tradicional del partido. Paloma Valencia y el expresidente Álvaro Uribe anunciaron su apoyo en segunda vuelta a Abelardo de la Espriella.
Otro golpe lo recibió Claudia López, quien obtuvo una votación muy baja frente a su reconocimiento nacional y a su experiencia como exalcaldesa de Bogotá. Su resultado confirmó el desplome del centro político tradicional y dejó en duda su capacidad de movilización electoral fuera de la capital. Su caudal ahora será disputado por las dos campañas que pasaron a segunda vuelta, aunque no está claro que sus votantes migren en bloque hacia alguno de los finalistas.
Entre los ganadores está Sergio Fajardo, quien, aunque no pasó a segunda vuelta, superó el millón de votos y terminó con un capital político relevante y no se anunción su voto para la segunda vuelta. En una elección dominada por la polarización, su votación se convirtió en uno de los botines más apetecidos para De la Espriella y Cepeda. Fajardo no ganó la Presidencia, pero sí quedó con una base electoral capaz de incidir en el desenlace del 21 de junio.
También fue ganador el empresario Santiago Botero, quien sorprendió con más de 200.000 votos, por encima de varios políticos con mayor trayectoria. Su resultado mostró que existe un segmento del electorado atraído por discursos más radicales en seguridad y justicia, y que el voto de opinión inconforme puede crecer incluso sin grandes estructuras partidistas. Horas ante
La Registraduría Nacional y el Consejo Nacional Electoral también quedaron en el centro del balance. La Registraduría logró entregar rápidamente el avance del preconteo tras el cierre de las urnas, mientras el CNE y las comisiones escrutadoras tendrán ahora la responsabilidad de garantizar el escrutinio oficial y resolver reclamaciones. La jornada transcurrió, en términos generales, con normalidad en la mayor parte del territorio nacional, pese a las tensiones políticas posteriores.
La segunda vuelta quedó marcada por una disputa intensa: De la Espriella llega con ventaja numérica, el respaldo del uribismo y una narrativa de triunfo; Cepeda entra con una votación robusta, el apoyo del Pacto Histórico y la tarea de atraer sectores de centro e independientes. La diferencia de la primera vuelta fue de caso 700 mil votos, pero no definitiva. Ahora la campaña se concentrará en conquistar los más de tres millones de votos que se fueron a candidaturas derrotadas, al voto en blanco y a nuevos electores que podrían aparecer el 21 de junio.