Abelardo de la Espriella habló del resultado de las elecciones legislativas ¿Qué dijo sobre Paloma Valencia?

“Si Paloma pasa a la segunda vuelta yo le cargo la maleta” : Abelardo De La Espriella

Elecciones 2026

El candidato presidencial leyó los resultados del Congreso y de las consultas interpartidistas como un punto de partida, no de cierre. Defendió la necesidad de unir a la derecha, elogió a Álvaro Uribe, atacó a las encuestadoras y dejó una de las frases más comentadas de la mañana política: “Si Paloma pasa a la segunda vuelta yo le cargo la maleta”.

Un día después de las elecciones legislativas y de las consultas interpartidistas presidenciales, Abelardo de la Espriella salió a fijar posición sobre el nuevo mapa político. Lo hizo con un tono de arranque de campaña, de lectura estratégica de los resultados y de llamado a la unidad de los sectores que se oponen al petrismo. Para el abogado y aspirante presidencial, la jornada del 8 de marzo no cerró nada: abrió, según dijo, una nueva etapa de la carrera por la Casa de Nariño. “Esta campaña empieza hoy”, aseguró en entrevista con Blu Radio, al insistir en que él no estaba en el tarjetón de las consultas y que, por tanto, la contienda presidencial apenas entra en su fase decisiva. 

La frase resume bien el enfoque con el que De la Espriella decidió leer la jornada. Mientras el Pacto Histórico consolidó su liderazgo en Senado y Cámara y Paloma Valencia se impuso en la consulta de la derecha, él evitó mostrarse como un actor desplazado. Por el contrario, planteó que el nuevo escenario obliga a “replantear por completo” la competencia presidencial y a construir acuerdos entre quienes, en sus palabras, defienden “la libertad, la democracia y la institucionalidad”.

La declaración que más resonó fue su ofrecimiento explícito de respaldo a la senadora del Centro Democrático si ella logra avanzar a la segunda vuelta. “Si Paloma pasa a la segunda, yo le cargo la maleta y si yo paso a la segunda, estoy seguro que ella se viene conmigo”, dijo. La frase, más que una cortesía política, fue presentada por él como parte de un pacto mayor entre candidaturas afines para evitar que la dispersión del voto termine favoreciendo al oficialismo o a un candidato continuista.

En esa misma línea, De la Espriella propuso una suerte de acuerdo de no agresión entre los aspirantes de la derecha y el centro-derecha. “Nosotros tenemos que unir fuerzas”, afirmó, antes de pedirles a sus seguidores que no ataquen a otros candidatos que, según él, comparten la defensa del orden institucional. Incluso fue más allá al advertir que “hay votos suficientes para derrotar a Cepeda si nos sumamos todos”, en referencia al crecimiento del Pacto Histórico y al nuevo escenario de polarización que dejó la elección legislativa.

Su lectura de los resultados partió de una premisa clara: el avance del Pacto en el Congreso obliga a las fuerzas opositoras a actuar con mayor coordinación. Los reportes de prensa publicados este 9 de marzo muestran que el oficialismo quedó como la principal fuerza del Senado, mientras el Centro Democrático se afirmó como segundo bloque y el resto del mapa quedó distribuido entre partidos tradicionales y bancadas de tamaño medio. En ese contexto, De la Espriella insistió en que “no hay nada escrito, todo puede pasar” y sostuvo que la elección al Congreso no debe interpretarse como una antesala automática de la presidencial. :

Pero su reacción no se limitó al análisis general. El candidato celebró especialmente el desempeño de Salvación Nacional, partido que apadrinó y cuya votación presentó como una prueba de que su discurso sí encontró eco en las urnas. En entrevista con El Tiempo aseguró que, “a pesar de toda la guerra sucia, a pesar de los ríos de dinero, de la política vieja”, la colectividad logró abrirse espacio y obtener representación propia. En esa misma declaración calificó el resultado como “épico”.

Sobre ese punto conviene hacer una precisión. De la Espriella habló de una fuerza que, “según sus cifras”, habría superado el millón de votos en todo el país, pero los reportes periodísticos y los datos parciales citados por El Tiempo ubicaban a Salvación Nacional con cerca de 705.924 votos al Senado, con información del preconteo superior al 99 %, además de una votación importante en Cámara. Esos resultados le daban a la colectividad una bancada inicial en el Congreso y, sobre todo, una vitrina política de cara a la presidencial. :

Para De la Espriella, la irrupción de Salvación Nacional tiene un valor simbólico adicional: la presentó como una especie de rompimiento con la política tradicional y como el inicio de un fenómeno que quiso comparar, en términos de impulso, con experiencias extranjeras de derecha antisistema. Esa narrativa le sirve para dos objetivos simultáneos: mostrarse como alguien con fuerza propia dentro del espectro opositor y, al mismo tiempo, negociar desde una posición de peso con el resto de candidaturas de su sector.

Otro frente de su pronunciamiento fue su relación con Álvaro Uribe Vélez y con el uribismo. En lugar de marcar distancia, De la Espriella optó por subrayar afinidades y respeto político. “Uribe es un monstruo”, afirmó, y agregó: “El presidente Uribe es como un padre para mí”. Su elogio se produjo además en medio de una jornada en la que el expresidente no alcanzó curul propia en la lista al Senado, aunque el Centro Democrático sí creció como partido. Con ese gesto, De la Espriella buscó desmontar cualquier lectura de ruptura con la principal figura histórica de la derecha colombiana. :

El abogado también anunció el arranque formal de su campaña presidencial con un acto masivo en Cali, donde dijo que inscribirá su candidatura y revelará el nombre de su fórmula vicepresidencial. No eligió esa ciudad al azar. En Blu Radio explicó que el lanzamiento en la capital del Valle tendría un valor político y simbólico, por tratarse de una plaza donde el petrismo ha tenido fortaleza electoral. “Queremos hacerlo allá de manera simbólica… ese es el fortín del Pacto Histórico y hay que entrar allá al fortín de ellos a romper esa hegemonía con presencia”, sostuvo.

De la Espriella incluso aseguró que pretende demostrar capacidad de movilización sin acudir a prácticas tradicionales de campaña. Según dijo, quiere llenar ese escenario “sin buses, sin tamales, sin políticos, sin plata”, una frase con la que intentó contrastar su estilo con las maquinarias regionales y los métodos clásicos de convocatoria electoral. El mensaje apunta tanto a la opinión pública como a sus potenciales aliados: busca vender la idea de que puede competir con estructura propia, pero sin renunciar a los puentes con otros liderazgos del mismo bloque ideológico.

Hubo además espacio para una de sus banderas recurrentes: la crítica a las encuestadoras. el candidato arremetió contra firmas como Invamer, a las que descalificó por sus proyecciones previas, y reivindicó otros sondeos que, a su juicio, le darían mejores opciones de cara a la presidencial. Esa desconfianza frente a las mediciones es coherente con su estrategia: si la foto del Congreso fortalece a otros actores y las consultas dejan a Paloma Valencia con impulso propio, su campaña necesita instalar la idea de que todavía existe un espacio competitivo para una candidatura por fuera de ese primer reparto. :

Los resultados de las consultas interpartidistas, en efecto, reordenaron el tablero. con 99,86 % de las mesas informadas, se registraron 7.072.078 votos válidos en las consultas del 8 de marzo. En ese panorama, De la Espriella decidió no leer el triunfo de otros precandidatos como una clausura de su espacio, sino como un punto de partida para una negociación más amplia dentro del bloque que espera enfrentar al petrismo en primera y, sobre todo, en segunda vuelta.

Lo que deja su pronunciamiento es una hoja de ruta bastante definida. Primero, celebrar el resultado legislativo de Salvación Nacional como prueba de viabilidad. Segundo, reconocer el peso de Paloma Valencia y del Centro Democrático sin romper con ellos. Tercero, elevar el costo político de las peleas internas en la derecha. Y cuarto, presentarse como un candidato que no acepta que la contienda presidencial ya esté repartida. En otras palabras, De la Espriella intenta convertir la noche legislativa en el acto inaugural de su propia campaña.

En esa lógica se entiende el tono de su frase más citada. “Si Paloma pasa a la segunda, yo le cargo la maleta” no fue solo una declaración de lealtad eventual; fue también una manera de decir que, en su lectura, la disputa no está entre aliados naturales, sino entre un bloque opositor que necesita ordenarse y un oficialismo fortalecido por los resultados del Congreso. Falta saber si ese llamado a la unidad se traducirá en acuerdos reales o si, como ha ocurrido otras veces, la competencia interna terminará pesando más que la estrategia común. Por ahora, De la Espriella ya fijó su posición: celebrar, confrontar y negociar sin bajarse de la carrera.