La Casa Blanca fue escenario, este 3 de febrero, de una reunión que marca un giro en las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. En un encuentro cargado de simbolismo político y expectativas diplomáticas, el presidente Gustavo Petro entregó al expresidente Donald Trump una lista de objetivos de alto valor: los nombres de los principales cabecillas del crimen organizado que hoy desafían al Estado colombiano.
En el documento figuran alias ‘Chiquito Malo’, del Clan del Golfo; ‘Pablito’, del ELN; e ‘Iván Mordisco’, líder de las disidencias de las Farc. Tres figuras que concentran el poder armado y financiero de estructuras responsables del narcotráfico, la extorsión y el control territorial en amplias regiones del país.
La entrega de esta lista no fue un gesto menor. Representa, en los hechos, una señal de endurecimiento frente a los grupos con los que el Gobierno intentó negociar bajo la política de ‘paz total’.
Lista Clinton
La llamada “lista Clinton”, un registro asociado a sanciones financieras y restricciones comerciales impulsadas desde Estados Unidos, volvió al centro del debate tras el encuentro en la Casa Blanca. Aunque no fue un tema oficial en la agenda, su sombra estuvo presente en el trasfondo de la reunión, especialmente por el impacto que este tipo de medidas tiene sobre la imagen internacional del país y sus relaciones económicas. Para el Gobierno colombiano, cualquier señal de exclusión o estigmatización no solo afecta al presidente, sino que repercute directamente en la confianza de inversionistas y aliados estratégicos.
En ese sentido, el embajador Daniel García-Peña sostuvo que durante el diálogo con Donald Trump no se abordó de manera directa la inclusión de Gustavo Petro en listas restrictivas ni las sanciones asociadas a la Office of Foreign Assets Control (OFAC). Sin embargo, insistió en que estas medidas representan “una ofensa al país” y una injusticia histórica. Para el diplomático, el clima de confianza generado en Washington puede abrir el camino para desmontar esas restricciones como una consecuencia natural del nuevo acercamiento bilateral.
García-Peña remarcó que la estrategia del Gobierno no pasa por presionar públicamente ni convertir el tema en un pulso político, sino por demostrar, con hechos, el compromiso de Colombia en la lucha contra el narcotráfico y el crimen transnacional. “La normalización de las relaciones debe conducir a levantar esas medidas”, afirmó, convencido de que el reconocimiento de Colombia como socio clave terminará reflejándose en decisiones favorables desde Washington.
Por su parte, el presidente Gustavo Petro fue claro al referirse a la lista OFAC y a la llamada lista Clinton. “Yo no pregunté de eso”, aseguró. “Yo sí le dije entre líneas: no actuamos mediante chantajes, entre iguales, no temas personales”. Según relató, su mensaje a Trump estuvo enfocado en una relación basada en el respeto mutuo y la cooperación, sin condicionamientos. Incluso, en un tono distendido, lo invitó a conocer Cartagena, “un lugar chévere para vivir”, como símbolo de una diplomacia más cercana y menos marcada por presiones.
Presencia del Senador Bernie Moreno
Durante el encuentro entre Gustavo Petro y Donald Trump en la Casa Blanca, uno de los momentos más comentados surgió en medio de una conversación informal sobre la comunidad colombiana en Estados Unidos. Según relató el embajador Daniel García-Peña, el presidente Petro destacó que muchos colombianos residentes en ese país manifestaban su deseo de regresar, atraídos por las oportunidades y por lo que describió como “el país de la belleza”.
Mientras el mandatario colombiano desarrollaba esa idea, el senador estadounidense Bernie Moreno intervino por primera vez en la conversación para expresar, en tono espontáneo, que prefería permanecer en Estados Unidos. Su comentario generó una reacción inmediata por parte del presidente Trump, quien, en medio del diálogo, manifestó sorpresa al enterarse de que Moreno tenía origen colombiano y señaló que pensaba que era de ascendencia italiana.
Posteriormente, el propio Moreno aclaró que había nacido en Bogotá, lo que evidenció que el mandatario estadounidense desconocía ese dato. De acuerdo con el embajador García-Peña, el intercambio se dio en un ambiente distendido y reflejó el carácter informal de algunos momentos del encuentro, en el que, además de los temas bilaterales, surgieron comentarios personales y referencias a la migración y a los vínculos entre ambos países.
“Una reunión extraordinaria”
El embajador de Colombia en Washington, Daniel García-Peña, calificó el encuentro como “extraordinario” y aseguró que abrió una nueva etapa de cooperación.
En diálogo con medios nacionales, explicó que la conversación giró en torno a tres ejes: lucha contra el narcotráfico, crimen transnacional y estabilización de Venezuela.
“Lo importante fue que se reunieron dos jefes de Estado”, afirmó. “Tuvimos una conversación maravillosa sobre los compromisos compartidos con Estados Unidos en la lucha contra las drogas”.
Según el diplomático, temas sensibles como las sanciones financieras o la inclusión de Petro en listas restrictivas “ni siquiera se tocaron”, aunque expresó confianza en que el acercamiento permita revertirlas en el corto plazo.
Sanción OFAC
García-Peña fue enfático al referirse a las sanciones impuestas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC): “Eso no fue contra Petro, fue contra Colombia. Fue una injusticia”.
En su interpretación, Trump comprendió que el mandatario colombiano es hoy un aliado clave en la lucha contra el narcotráfico, lo que podría traducirse en un eventual levantamiento de restricciones.
“Entendió que este señor no es narcotraficante, sino nuestro principal aliado”, sostuvo el embajador.
Los jefes criminales en la mira
La lista entregada por Petro pone en el centro a los líderes de los tres grupos armados más poderosos del país.
- ‘Chiquito Malo’, máximo jefe del Clan del Golfo, hoy autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia.
- ‘Pablito’, uno de los principales mandos del ELN.
- ‘Iván Mordisco’, cabeza visible del Estado Mayor Central de las disidencias.
Paradójicamente, son estructuras con las que el Gobierno intentó avanzar en negociaciones de paz. Actualmente, solo el proceso con el Clan del Golfo se mantiene vigente, con diálogos desarrollados en Catar. Las conversaciones con el ELN están suspendidas desde enero de 2025, tras la crisis humanitaria en el Catatumbo, y las negociaciones con ‘Mordisco’ se rompieron en 2024.
Para analistas y sectores críticos, este giro confirma el debilitamiento de la estrategia de paz.
La exdirectora para las Américas de Human Rights Watch, Juanita Goebertus, fue contundente: “La política de paz total fracasó”, señaló en un reciente informe.
Antidrogas: erradicación con campesinos y sin glifosato
Uno de los puntos centrales del diálogo fue la estrategia contra los cultivos ilícitos. Petro defendió ante Trump la sustitución voluntaria y el trabajo con comunidades rurales, en lugar del uso del glifosato.
De acuerdo con García-Peña, Trump respaldó el enfoque. “Hay que darle oportunidades a los campesinos y darle duro a los jefes de los carteles”, habría resumido.
Colombia reiteró su compromiso de erradicar 30.000 hectáreas de coca en 2026, especialmente en Putumayo, Nariño y el Catatumbo.
Venezuela y el tablero energético
La situación venezolana también ocupó un lugar destacado. El Gobierno colombiano planteó su capacidad para apoyar la recuperación del sector energético del vecino país.
Según el embajador, Trump cuestionó abiertamente las sanciones a Caracas y pidió revisar su efectividad. Incluso solicitó al senador Marco Rubio evaluar posibles ajustes.
“Dijo que no entendía por qué se habían impuesto esas sanciones”, relató García-Peña.
El tema energético, en particular, aparece como una nueva carta de negociación regional.
Confianza personal y canal directo
Más allá de los acuerdos formales, la reunión dejó señales de cercanía política. Trump, según el embajador, expresó respeto personal por Petro y cerró el encuentro con un mensaje directo: “I like you”.
Además, ofreció mantener una línea de comunicación directa: “You can call me anytime you want”.
Ese canal, confirmó García-Peña, ya quedó establecido y será coordinado con el Departamento de Estado y el entorno de Rubio.
Un nuevo capítulo con tensiones de fondo
La reunión en Washington marca un punto de inflexión. Por un lado, evidencia el interés de Bogotá en reforzar su alianza con Estados Unidos frente al avance de las economías ilegales. Por otro, expone el desgaste interno de la política de paz y la necesidad de resultados en materia de seguridad.
La entrega de una lista de “objetivos de alto valor” simboliza ese viraje: menos apuestas a la negociación, más presión sobre los jefes armados.
En un contexto en el que a Petro le restan menos de siete meses de mandato, el acercamiento con Trump aparece como una jugada estratégica para recomponer la relación bilateral, recuperar confianza internacional y redefinir la lucha contra el narcotráfico.
Washington, esta vez, no fue solo una escala diplomática. Fue el escenario donde Colombia volvió a apostar por la cooperación dura, con nombres propios sobre la mesa y un mensaje claro: los grandes jefes criminales vuelven a estar en la mira.


