Dos niñas mueren en Bogotá después de comer unas frambuesas cubiertas de chocolate que llegaron como un domicilio cualquiera. En cuestión de horas, lo que al principio fue leído como una intoxicación se convierte en una investigación por homicidio agravado.
La Fiscalía entra en escena, aparecen los primeros análisis y, con ellos, una palabra que cambia por completo el caso: talio, un veneno invisible, difícil de detectar y de rastrear.
Pero el caso no terminó allí. A medida que avanzó la investigación, comenzaron a aparecer otros indicios, otros episodios y nuevas víctimas posibles dentro del mismo círculo familiar. Lo que parecía una tragedia aislada empezó a mostrar una dimensión más oscura.
ero el caso no terminó allí. A medida que avanzó la investigación, comenzaron a aparecer otros indicios, otros episodios y nuevas víctimas posibles dentro del mismo círculo familiar. Lo que parecía una tragedia aislada empezó a mostrar una dimensión más oscura.
En el centro de esta trama surgió el nombre de la empresaria Zulma Guzmán Castro, hoy detenida en una cárcel del Reino Unido, mientras se tramita la extradición a Colombia.
Con acceso a expedientes judiciales, reconstrucciones forenses, testimonios clave y una entrevista exclusiva con la principal sospechosa, ¿Asesina en serie? El misterio de las frambuesas con talio, sigue el rastro del veneno más allá de la muerte de las dos menores.
Lo que aquí se investiga no es solo un crimen brutal, sino una hipótesis todavía más perturbadora: la posibilidad de estar frente a una homicida serial silenciosa, capaz de convertir lo íntimo en el escenario perfecto del crimen.
Porque si el talio no apareció una sola vez, entonces la pregunta ya no es únicamente quién asesinó a las menores, sino desde cuándo llevaba actuando el veneno sin que nadie lograra verlo


