La muerte de Kevin: el niño con hemofilia que falleció esperando un medicamento y desató un debate nacional sobre el sistema de salud

La muerte de Kevin Acosta, un niño de siete años diagnosticado con hemofilia, se convirtió en el símbolo más doloroso de las fallas del sistema de salud colombiano. Su fallecimiento, ocurrido el pasado 13 de febrero, tras pasar cerca de dos meses sin recibir un medicamento vital, provocó una ola de indignación nacional, un cruce de declaraciones entre el Gobierno y su familia y el anuncio de posibles investigaciones penales y disciplinarias.

El caso expuso las fallas en la entrega de tratamientos de alto costo, especialmente en EPS intervenidas por el Estado, y abrió un debate por  la muerte de un menor que dependía de un fármaco mensual para sobrevivir.

Una enfermedad huérfana y un tratamiento vital

Kevin padecía hemofilia, una enfermedad genética y crónica que impide la correcta coagulación de la sangre. En quienes la sufren, cualquier golpe o sangrado interno puede convertirse en una emergencia mortal si no se cuenta con tratamiento preventivo.

La hemofilia se trata con medicamentos que reemplazan los factores de coagulación faltantes. En los casos más graves, como el de Kevin, se utiliza emicizumab, un fármaco biológico comercializado como Hemlibra, que reduce drásticamente los episodios de hemorragia.

El tratamiento es preventivo y debe suministrarse de manera periódica. Cada dosis puede costar entre 15 y 35 millones de pesos, dependiendo del esquema médico, y debe aplicarse mensualmente. Sin ese medicamento, el riesgo de hemorragias graves aumenta de manera significativa, incluso sin traumatismos.

Según denunció su familia, Kevin estuvo dos meses sin recibir el medicamento, pese a las múltiples solicitudes ante la Nueva EPS.

El laberinto administrativo y la falta de contrato

La crisis comenzó el 31 de diciembre, cuando la Nueva EPS finalizó el convenio con la IPS encargada de suministrar el medicamento. Posteriormente, la familia fue remitida a otro proveedor, pero ese contrato también terminó abruptamente.

Durante semanas, la respuesta que recibió la madre fue siempre la misma: “tocaba esperar porque hasta no hubo contrato”. Sin proveedor activo, el medicamento no fue entregado.

El costo del fármaco hacía imposible que la familia lo adquiriera por su cuenta. Kevin, según su madre, dependía completamente de la autorización y entrega de la EPS.

La defensora del Pueblo, Iris Marín, se pronunció tras conocerse el caso: “Kevin fue una víctima más de las fallas en la disponibilidad y el acceso a medicamentos que hoy enfrentan miles de colombianos para acceder a tiempo a tratamientos determinantes para su salud”.

El accidente y el deterioro

El niño sufrió una caída en bicicleta que le provocó un golpe en la cabeza. Fue trasladado a un centro médico y luego remitido a Pitalito. Según su madre, la atención inicial fue deficiente y pasó horas sin recibir tratamiento adecuado.

“Me lo demoraron 24 horas sin medicamentos, sin atención, solamente con oxígeno”, denunció.
Aunque llegó estable, su estado se agravó en la noche debido a la falta del medicamento especializado.

El traslado a Bogotá se autorizó cuando su condición ya era crítica. Kevin falleció en la unidad de cuidados intensivos del Hospital La Misericordia.

La respuesta del Gobierno

Durante el consejo de ministros del 16 de febrero, el presidente Gustavo Petro se refirió al caso y pidió que se investigue a fondo.
“Dos causas agravantes: el que no había tomado el medicamento y el que se monta en una bicicleta y se cae”, afirmó.

El mandatario también señaló la necesidad de establecer responsabilidades individuales:
“Hay que investigarlo. Si no es así, hay personas responsables individuales que no fueron lo suficientemente eficaces en entregar el medicamento”.

En otro momento, hizo referencia a la prevención:
“Si a un niño hemofílico no se le deja subir a la bicicleta, tiene menos riesgos. Si el médico o el sistema de salud no enseña, la mamá no sabe; las mamás no nacen aprendidas”.

Por su parte, el ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, sostuvo que el fallecimiento estuvo asociado al trauma sufrido por el menor.
“Es entendible que los niños que sufren de hemofilia tienen que estar restringidos en muchas de las actividades que puedan generarle un trauma violento y hemorrágico grave”, dijo.

La respuesta de la madre

Las declaraciones del Gobierno provocaron la reacción inmediata de Yudy Katerine Pico, madre de Kevin, quien rechazó que la muerte de su hijo se atribuya a un accidente o a falta de cuidado.

“El hecho de que sea hemofílico no significa que él no pudiera hacer actividades… no lo podía tener atado a una cadena o amarrado o bajo llave”, afirmó.

La mujer insistió en que el niño murió por la falta del medicamento:
“No se vengan a lavar las manos así tan fácilmente… el niño murió por falta de un medicamento”.

Según la madre, el sistema de salud siempre supo dónde estaba el niño y su diagnóstico. La falta de suministro obedeció, asegura, a barreras administrativas y a la ausencia de contratos vigentes con los proveedores.

Posibles investigaciones y responsabilidades

Juristas advierten que el caso podría derivar en investigaciones disciplinarias y penales. El penalista Fabio Huma señaló que la omisión en la entrega de un medicamento vital podría configurar responsabilidades graves.

“La muerte de un menor por no dispensar a tiempo un medicamento podría encuadrarse como un delito omisivo y, ¿por qué no?, incluso podría hablarse de un homicidio”, explicó.

Se abrirían dos frentes: uno disciplinario en la Procuraduría y otro penal en la Fiscalía, para determinar si funcionarios o entidades incumplieron su deber de garantizar el tratamiento.

Un caso que refleja la crisis

La muerte de Kevin se convirtió en el reflejo de la crisis de acceso a medicamentos en el país. Su historia visibilizó las dificultades que enfrentan pacientes con enfermedades de alto costo para recibir tratamientos oportunos, especialmente en EPS intervenidas y con deudas crecientes.

Mientras las autoridades anuncian investigaciones, la familia insiste en que el caso no debe quedar en la impunidad. Para la madre, la muerte de su hijo debe servir para evitar que otros niños con hemofilia mueran esperando un medicamento que, a tiempo, puede salvarles la vida.