La Picota rompe el paradigma: así es la unidad médica que dignifica la vida en prisión

La atención en salud para las personas privadas de la libertad en Colombia avanza hacia un modelo más humano y digno. En la cárcel La Picota, en Bogotá, ya funciona la Unidad de Extensión Temporal, la primera de su tipo en el país, destinada a brindar cuidados posoperatorios, curaciones y monitoreo médico permanente a internos que requieren atención especializada.

“En el hospital me salvaron la vida y hoy me encuentro aquí, en plena recuperación. Este es un espacio tranquilo y cómodo, donde la atención médica es excelente”, relata Edison Suárez Ávila, interno de La Picota, quien se recupera de una peritonitis tras una cirugía de urgencia. Como él, decenas de personas privadas de la libertad han sido beneficiadas con este servicio desde su puesta en marcha el pasado 22 de septiembre.

La Unidad, ubicada en la Estructura 1 del complejo penitenciario, cuenta con 22 camas y permite dar continuidad a tratamientos de tercer y cuarto nivel, actuando como un punto intermedio entre la atención básica y la hospitalaria. Se trata de un avance significativo frente a la práctica anterior, que obligaba a muchos pacientes a regresar a sus celdas sin las condiciones necesarias para su recuperación.

El proyecto fue impulsado por la Subdirección de Atención en Salud del INPEC, con el apoyo de la USPEC, el operador Unión Temporal Salud Central y la dirección general del Instituto. “Aquí atendemos pacientes que requieren cuidados posoperatorios, curaciones o vigilancia permanente. Este espacio representa la humanización y dignificación de la vida en prisión”, explicó Katherine Lara, coordinadora administrativa del operador de salud.

El equipo humano de la Unidad está conformado por médicos generales y familiares, enfermeras, auxiliares, personal farmacéutico y administrativo, con atención las 24 horas del día. Para el médico José Alejandro Tovar, líder del equipo clínico, el impacto es claro: “Esto es una mejora real en la calidad de vida de los privados de la libertad. Las condiciones aquí no existen en los patios ni en las celdas”.

La adecuación del espacio, que tiene un área de 244 metros cuadrados, demandó una inversión cercana a los 110 millones de pesos en infraestructura y dotación médica. Además, la Unidad hace parte de una red de servicios de salud penitenciarios que incluye atención hospitalaria de alta complejidad, salud mental y cuidados paliativos.

Para Horacio Bustamante, director de La Picota, el impacto va más allá de lo sanitario. “Reducimos traslados, mejoramos la seguridad y, sobre todo, humanizamos el sistema. Aquí hay camas dignas, equipos médicos y una farmacia que garantiza los tratamientos. Eso es humanizar”, afirmó.

El modelo ya tiene proyección nacional. En los próximos meses, con el apoyo del Ministerio de Justicia y del Derecho, el INPEC y la USPEC, entrará en funcionamiento una unidad similar en la cárcel Picaleña de Ibagué, que contará con 40 camas y servicios de cuidado paliativo intramural.

La meta a largo plazo es que cada regional del INPEC cuente con una red de atención en salud que garantice tratamientos oportunos y dignos. Con iniciativas como esta, el sistema penitenciario colombiano avanza hacia un enfoque centrado en la vida, la salud y la dignidad humana.