El crimen ocurrió en plena vía pública, en el occidente de la capital. Testigos hablan de dos disparos, una huida en moto y varios minutos de agonía sin que, según relataron, llegara una ambulancia. Las autoridades investigan si se trató de un hurto fallido o de un ataque sicarial premeditado.
Eran cerca de las 2 de la tarde del lunes 16 de marzo de 2026 cuando Néstor Harry Acosta Leal, funcionario de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, fue atacado a bala en la avenida La Esperanza con carrera 69D, a pocos metros de un paradero del SITP y cerca de una zona residencial del occidente de la ciudad.
La escena, descrita por testigos como rápida y brutal, dejó en shock a vecinos, comerciantes y transeúntes. Según las versiones preliminares recopiladas por medios locales, la víctima llevaba apenas unos minutos en el sector cuando fue abordada por dos hombres que se movilizaban en una motocicleta negra. Uno de ellos habría cruzado unas palabras con Acosta y, cuando este se volteó hacia el andén, abrió fuego.
Algunos residentes aseguran haber escuchado dos disparos; otros, entre dos y tres. Lo cierto es que, tras el ataque, el funcionario cayó gravemente herido sobre el pavimento. Una de las testigos relató que al levantar la mirada ya lo vio tendido en el suelo, cubierto de sangre. Otra versión recogida por radio señaló que un uniformado intentó auxiliarlo y que Acosta permaneció con signos vitales durante cerca de 10 a 12 minutos. Según ese mismo relato, la ambulancia no alcanzó a llegar antes de que muriera. Esa afirmación, por ahora, corresponde a testimonios ciudadanos y no a una conclusión oficial.
¿Quién era la víctima?
Néstor Harry Acosta Leal no era un desconocido en el sector. De acuerdo con los reportes conocidos hasta ahora, trabajaba desde abril de 2004 en la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá y estaba vinculado a la Dirección de Planeación y Control de Resultados Corporativos. Compañeros y directivos lo describieron como un servidor con más de dos décadas de trayectoria en la entidad.
Además de su labor pública, testigos y reportes periodísticos señalan que residía desde hacía cerca de 20 años en el barrio Salitre, donde también tendría varias propiedades. La información divulgada indica que era padre de dos hijos y estaba casado, un perfil que profundizó la conmoción entre quienes lo conocían como vecino y trabajador estatal.
«Hoy atravesamos un momento de profundo dolor por el asesinato de nuestro compañero Néstor Harry Acosta, quien por más de 20 años entregó su trabajo y compromiso a la Empresa. A su familia, amigos y compañeros les expresamos nuestra solidaridad y acompañamiento en este difícil momento. Rechazamos de manera contundente los hechos de violencia que afectan a nuestra ciudad y confiamos en que las autoridades avancen con celeridad para esclarecer lo ocurrido» Acueducto
Y a respecto una funcionaria manifestó: « En nombre de los más de 3.500 empleados de la Empresa lamento profundamente el asesinato de nuestro compañero Néstor Harry Acosta, quien venía laborando en la Empresa desde hacía más de 20 años»
La Empresa de Acueducto lamentó el crimen y rechazó “de manera contundente” los hechos de violencia. También la gerente Natasha Avendaño expresó públicamente sus condolencias, al igual que el alcalde Carlos Fernando Galán, quien aseguró que el Distrito acompaña la investigación para establecer con rapidez los móviles y ubicar a los responsables.
Cómo ocurrieron los hechos
La secuencia que hoy reconstruyen los investigadores apunta a un ataque ejecutado con precisión. El crimen ocurrió en un punto neurálgico de Salitre Occidental, una zona de alto flujo vehicular y peatonal. Según los relatos preliminares, Acosta hablaba por celular cuando fue interceptado. En cuestión de segundos, los agresores dispararon y escaparon en la motocicleta en la que se movilizaban.
El detalle de que la víctima habría conservado sus pertenencias después del ataque se convirtió en una de las primeras pistas del expediente. Ese dato debilitó, al menos en las horas iniciales, la hipótesis de un robo consumado y empujó a los investigadores a revisar con mayor fuerza la posibilidad de un homicidio selectivo. Aun así, oficialmente no se ha descartado ninguna línea.
Qué investigan las autoridades
La investigación se centra ahora en tres frentes: las cámaras de seguridad del sector, la trazabilidad de la motocicleta usada en la huida y el entorno personal, laboral y patrimonial de la víctima. Las autoridades buscan establecer si Acosta fue seguido antes del ataque, si hubo vigilancia previa en la zona y si el crimen respondió a una orden específica.
La principal dificultad radica en determinar el móvil real. Aunque algunos testigos pensaron inicialmente en un hurto, la forma en que se produjo el ataque, el uso de una moto para facilitar la fuga y la permanencia de los objetos personales de la víctima fortalecen la hipótesis de un sicariato. Sin embargo, esa conclusión todavía no ha sido formalizada por las autoridades judiciales. Por ahora, el caso permanece en etapa de verificación de evidencias y contraste de testimonios.
Las hipótesis sobre el crimen
En este momento, el expediente se mueve entre dos hipótesis principales.
La primera es la de un hurto frustrado o una resistencia al robo, posibilidad que surgió por la mecánica inicial del abordaje. La segunda, que gana peso entre los investigadores y en los reportes periodísticos, es la de un ataque sicarial planeado, ejecutado por hombres que sabían a quién buscaban y actuaron con rapidez para no dejar margen de reacción.
Hay elementos que alimentan esa segunda lectura: la aproximación directa, la corta conversación previa al disparo, la huida organizada en motocicleta y la ausencia de despojo de pertenencias. En clave judicial, esos rasgos suelen ser revisados como patrones de selección previa de la víctima, aunque será la Fiscalía la que deba probar o descartar esa tesis con evidencia material, videos, peritajes balísticos y entrevistas.
Un crimen que revive el temor en Bogotá
El homicidio ocurrió a una cuadra de un colegio y en un sector que muchos residentes consideran residencial y relativamente tranquilo, una circunstancia que elevó el nivel de alarma entre la comunidad. Varios vecinos dijeron no imaginar que un crimen de esta magnitud ocurriera tan cerca de sus viviendas.
El caso, además, aparece en medio del debate por la seguridad en la capital. La propia Alcaldía reportó hace pocos días que el homicidio venía mostrando una reducción del 12,5 % en los primeros dos meses de 2026, al pasar de 176 casos en el mismo periodo de 2025 a 154 este año. Aun así, ataques como el de Salitre reactivan la percepción de vulnerabilidad y la presión ciudadana para esclarecer rápidamente los hechos.
Lo que viene en la investigación
En las próximas horas serán determinantes los videos de cámaras públicas y privadas del corredor de La Esperanza, así como los resultados de medicina legal y balística. Los investigadores también deberán establecer si Néstor Harry Acosta había recibido amenazas, si tenía rutinas identificables o si existía alguna alerta previa en su entorno.


