Atención: se registra nuevo acto sicarial en Salitre, occidente de Bogotá

Crimen a plena luz del día en Salitre: la pista del sicariato que volvió a encender las alarmas en el occidente de Bogotá

La tarde del lunes 16 de marzo volvió a dejar una escena de violencia armada en Bogotá. Hacia las 2:00 p. m., un hombre fue asesinado a disparos en el sector de Salitre, en el occidente de la ciudad, a pocas cuadras de la Terminal de Transporte. El ataque ocurrió en la calle 22D con carrera 69B, en una zona de alto tránsito peatonal y vehicular, donde testigos vieron caer a la víctima en plena vía pública luego de ser interceptada por hombres que, según los reportes iniciales, se movilizaban en motocicleta.

La reacción fue inmediata, aunque insuficiente para evitar el desenlace. Comerciantes, residentes y transeúntes que estaban cerca del lugar se acercaron al cuerpo mientras llegaban las primeras patrullas de la Policía. Cuando los uniformados y los equipos de criminalística arribaron al punto, el hombre ya no tenía signos vitales. De acuerdo con la información entregada por las autoridades, murió en el sitio por la gravedad de las heridas con arma de fuego. La zona fue acordonada y quedó bajo custodia mientras se adelantaban la inspección técnica al cadáver, la fijación de la escena y la búsqueda de rastros útiles para la investigación.

Las primeras reconstrucciones del caso apuntan a un ataque breve, directo y ejecutado con una secuencia que los investigadores analizan como compatible con un posible hecho sicarial. La víctima caminaba por el sector cuando fue interceptada por dos sujetos en motocicleta. Un testigo citó una escena que ahora resulta central para el expediente: uno de los atacantes habría hablado con el hombre antes de dispararle. Según esa versión, el sicario se le acercó, intercambió algunas palabras y, cuando la víctima se volvió hacia el andén, le disparó dos veces.

Ese detalle, sumado a la cercanía entre victimario y víctima en los segundos previos al crimen, ha llevado a los investigadores a revisar si el ataque fue completamente premeditado y si el hombre había sido citado, seguido o ubicado previamente en el lugar. Las versiones recopiladas hasta ahora indican que la víctima llevaba apenas unos 10 minutos en la zona antes de ser asesinada. También coinciden en que se encontraba hablando por celular cuando fue abordada, una circunstancia que podría resultar clave para establecer con quién tenía contacto momentos antes de morir y si esa llamada guarda relación con la emboscada.

En medio del caos posterior al ataque, surgieron además otros elementos que ahora hacen parte del material bajo análisis. Las autoridades tratan de establecer si se trataba de un dato de contacto, de un papel relacionado con la llamada telefónica que la víctima sostenía o, incluso, de un eventual mensaje dejado por los agresores. Por ahora no hay una conclusión oficial sobre ese hallazgo, pero la pieza quedó incorporada a la recolección probatoria.

La identidad del hombre aún no había sido confirmada oficialmente al cierre de los primeros reportes. Allí también aparecieron diferencias en la información preliminar. Mientras algunos reportes iniciales hablaban de una víctima de aproximadamente 35 años, vecinos que aseguran conocerlo desde hacía años en el sector y que lo describían como un hombre de alrededor de 50 años. Esa misma fuente señaló que residentes de la zona creían que se trataba de una persona que vivía allí desde hacía cerca de dos décadas. Hasta tanto Medicina Legal y las autoridades hagan una identificación formal, ese punto sigue abierto.

También hay coincidencia en que el hombre no llevaba maleta ni otros objetos visibles que permitan, al menos de manera inicial, relacionar el crimen con un hurto. Los testigos que hablaron con medios aseguraron que estaba solo, vestido con camisa clara y pantalón azul, ubicado en una esquina o en inmediaciones de un paradero, cuando fue alcanzado por los atacantes. Tras los disparos, los hombres huyeron del lugar en la motocicleta. Esa salida rápida, sin intercambio prolongado ni forcejeo, es una de las razones por las que los investigadores evalúan el hecho bajo una lógica de ejecución puntual y no de confrontación espontánea.

El expediente quedó en manos de la Policía Judicial y del CTI, que trabajan sobre varias líneas. Una de ellas es la revisión de cámaras de seguridad del sector, tanto públicas como privadas, con el fin de establecer la ruta de llegada y huida de los ocupantes de la motocicleta. Otra apunta a identificar a la víctima por medios dactilares, documentales y testimoniales, paso indispensable para reconstruir sus movimientos recientes, posibles amenazas, vínculos personales o comerciales, y eventuales móviles del asesinato. En paralelo, los investigadores analizan la llamada telefónica que sostenía en el momento del ataque, un aspecto que podría ayudar a saber si fue citado al lugar o si mantenía contacto con alguien relacionado con el hecho.

La escena dejó además un fuerte impacto entre los habitantes del sector. El crimen ocurrió en una franja horaria de plena actividad urbana, en una zona cercana a corredores de movilidad y comercio, lo que multiplicó el efecto de alarma entre quienes presenciaron la reacción posterior al ataque. Videos muestran a residentes intentando auxiliar al hombre mientras las autoridades llegaban al sitio. La imagen del cuerpo tendido en el suelo, en medio del acordonamiento refleja la inseguridad que golpea distintos puntos de Bogotá.

Por ahora, la investigación no ha establecido públicamente un móvil definitivo ni ha revelado si la víctima tenía antecedentes, amenazas previas o algún conflicto que permita explicar el ataque. Tampoco se ha informado de capturas relacionadas con el caso. Lo que sí está claro es que el homicidio ocurrió con una mecánica rápida, dirigida y en un punto específico del occidente de la capital, a plena luz del día y con un nivel de exposición que vuelve a poner el foco sobre la capacidad de los agresores para ejecutar ataques armados y huir antes de ser interceptados.