La misión Artemis II de la NASA vive este lunes su jornada más simbólica y delicada: la nave Orión realizará el primer sobrevuelo tripulado de la cara oculta de la Luna en más de 50 años. Durante esa maniobra, la tripulación romperá el récord de distancia de cualquier ser humano respecto de la Tierra, perderá comunicación con control de misión por unos 40 minutos y obtendrá observaciones clave para las futuras misiones lunares.
Tras despegar el 1 de abril de 2026 desde el Centro Espacial Kennedy, Artemis II se convirtió en la primera misión tripulada del programa Artemis y en el primer vuelo con astronautas a bordo de la nave Orión y del cohete SLS. La misión, de unos 10 días de duración, no fue diseñada para alunizar: su objetivo es probar, con seres humanos a bordo, los sistemas de la cápsula, la navegación en espacio profundo y las operaciones necesarias para abrir el camino a futuras expediciones lunares.
A bordo viajan cuatro astronautas: Reid Wiseman, comandante; Victor Glover, piloto; Christina Koch, especialista de misión; y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, también como especialista de misión. La NASA ha presentado esta misión como la primera gran validación humana de Orión en el entorno real del espacio profundo, un paso indispensable antes de volver a llevar astronautas a operaciones más complejas en torno a la Luna.
El recorrido de Artemis II: de la órbita terrestre al sobrevuelo lunar
Luego del lanzamiento, Orión permaneció inicialmente en una órbita alta alrededor de la Tierra y más tarde realizó la inyección translunar para dejar la órbita terrestre y dirigirse hacia la Luna. La propia NASA subrayó que, por primera vez desde el Apolo 17 en 1972, seres humanos abandonaban la órbita de la Tierra con rumbo al entorno lunar.
En su trayecto, la nave ha seguido una trayectoria de retorno libre, una ruta que aprovecha la gravedad del sistema Tierra-Luna para rodear el satélite y regresar de forma natural a la Tierra, con pequeñas correcciones de trayectoria para afinar el camino. Según el kit de prensa de la misión, ese perfil permite un uso eficiente del combustible y sirve como ensayo operativo para el resto del programa Artemis.
La NASA informó además que el sobrevuelo de este lunes no será una entrada en órbita lunar estable, sino una pasada alrededor de la cara lejana del satélite. La aproximación más cercana prevista es de 4.070 millas sobre la superficie lunar, es decir, unos 6.550 kilómetros, una distancia mayor que la de algunos sobrevuelos de Apolo, pero suficiente para ofrecer una vista global de la Luna, incluidas regiones cercanas a ambos polos.
Qué ocurrirá hoy durante el sobrevuelo
La jornada de este lunes concentra varios de los momentos más esperados de la misión. De acuerdo con la cronología publicada por la NASA, la observación lunar comenzó a media tarde y, más adelante, Orión debía pasar detrás de la Luna, perder comunicaciones con la Tierra, alcanzar su máxima cercanía al satélite y luego reaparecer con la Tierra volviendo a asomarse en el horizonte lunar.
Los hitos centrales del día, en horario del Este de Estados Unidos, son los siguientes: a las 6:44 p. m. se prevé la pérdida temporal de comunicaciones; a las 7:02 p. m. la nave alcanza su punto más cercano a la Luna; a las 7:07 p. m. llega a su máxima distancia respecto de la Tierra, de 252.757 millas; y a las 7:25 p. m. se produce el llamado “Earthrise”, cuando la Tierra vuelve a aparecer desde la perspectiva de la tripulación al salir de detrás de la Luna.
Antes de ese tramo, la NASA también indicó que la tripulación rompería el récord de distancia humana a la Tierra, superando la marca del Apolo 13. La agencia precisó que Artemis II sobrepasará ese registro por 4.102 millas, un dato que refuerza el carácter histórico de la misión.
Los 40 minutos sin contacto: el tramo más tenso del vuelo
Uno de los momentos más delicados será el paso por la cara oculta de la Luna, cuando la propia masa lunar bloqueará las señales de radio entre Orión y la Red de Espacio Profundo de la NASA. La agencia calcula una interrupción de comunicaciones de unos 40 minutos, una situación prevista y conocida desde antes del lanzamiento.
NASA explicó que este apagón de comunicaciones no es una falla, sino una consecuencia natural de operar con infraestructura de comunicación basada en la Tierra. Blackouts similares ocurrieron en Artemis I y en las misiones Apolo. En cuanto la nave vuelva a emerger por el borde lunar, la Red de Espacio Profundo reacoplará la señal y restablecerá el contacto con control de misión.
Durante ese intervalo, los astronautas no estarán inactivos. El kit de prensa oficial señala que, precisamente mientras no haya comunicación con la Tierra, la tripulación tomará fotos, grabará video y hará observaciones de la cara oculta para compartirlas con los científicos una vez se recupere el enlace.
Por qué es tan importante llegar a la cara oculta de la Luna
La llamada “cara oscura” de la Luna en realidad no está siempre a oscuras. NASA recuerda que se trata de la cara lejana o cara oculta, el hemisferio que normalmente no vemos desde la Tierra porque la Luna está acoplada gravitacionalmente y siempre nos muestra prácticamente la misma cara. Esa zona sí recibe luz solar; lo que la hace especial es que permanece fuera de vista para un observador terrestre.
La importancia científica de este paso radica en que la tripulación podrá observar directamente regiones geológicas que, aunque ya habían sido fotografiadas por sondas, no habían sido contempladas de esta manera por ojos humanos en una misión de este tipo. NASA destacó en estos días la observación de la cuenca Orientale, una enorme estructura de impacto en la cara lejana, y señaló que esta misión marca la primera vez que toda esa cuenca ha sido vista por ojos humanos.
La agencia también ha explicado que el sobrevuelo dará a la tripulación una perspectiva distinta de la que tuvieron las misiones Apolo, porque Orión pasará a mayor altura y eso permitirá una visión más completa y circular de la Luna. Esa mirada global es útil para contextualizar rasgos de la superficie, comparar zonas polares, estudiar cráteres, flujos de lava antiguos y otras formaciones relevantes para futuras operaciones humanas y científicas.
Más allá del valor simbólico, Artemis II debe entregar datos operativos y observaciones que alimenten las siguientes fases del programa. La NASA define esta misión como un ensayo clave para demostrar que la nave, sus sistemas de soporte vital, su desempeño con tripulación y sus procedimientos de espacio profundo funcionan como deben antes de comprometer vuelos posteriores aún más ambiciosos.
El eclipse solar que verá la tripulación
Otro de los eventos extraordinarios del día es un eclipse solar visto desde la nave. La NASA prevé que, más tarde, desde la perspectiva de Orión el Sol quede oculto detrás de la Luna, generando un eclipse de cerca de una hora. Durante ese periodo, los astronautas podrán estudiar la corona solar, la capa más externa de la atmósfera del Sol, mientras asoma por el borde lunar.
Ese fenómeno añade un valor científico adicional al sobrevuelo y convierte a la jornada en una de las más cargadas de observación de toda la misión. No se trata solo de llegar a la Luna, sino de aprovechar una alineación excepcional entre la nave, la Luna y el Sol para recopilar información en un entorno que no puede reproducirse en la Tierra.
Qué sigue después del paso por la Luna
Una vez complete el giro por la cara oculta, Orión saldrá de la esfera de influencia lunar y seguirá su trayectoria de retorno libre hacia la Tierra. Según la NASA, en el camino de regreso se ejecutarán pequeñas maniobras de corrección y, en la fase final, el módulo de servicio se separará para permitir la reentrada de la cápsula tripulada, protegida por su escudo térmico, antes del amerizaje.
La misión completa está prevista para durar unos diez días. Si todo sigue según el plan, Artemis II cerrará con éxito la primera gran prueba tripulada del programa y dejará lista la siguiente etapa del regreso sostenido de la humanidad al entorno lunar.
Una misión que no aluniza, pero sí redefine el regreso humano a la Luna
Aunque Artemis II no aterrizará en la superficie lunar, su relevancia no es menor. La misión representa el regreso de astronautas al entorno de la Luna por primera vez en más de medio siglo y, al mismo tiempo, prueba la arquitectura con la que la NASA pretende sostener futuras campañas lunares y, a largo plazo, preparar misiones hacia Marte.
En ese contexto, el paso por la cara oculta adquiere un peso especial: no solo es el tramo más vistoso y emocional del viaje, sino la demostración de que Orión puede llevar una tripulación al espacio profundo, operar detrás de la Luna, soportar el aislamiento temporal de la Tierra y regresar con seguridad. Ese, más que cualquier titular, es el verdadero examen de Artemis II.


