
Más de medio millón de adolescentes en Estados Unidos habrían usado inhalantes durante el último año, una práctica que preocupa a las autoridades sanitarias por el fácil acceso a productos domésticos y comerciales que pueden causar daños neurológicos, lesiones graves e incluso la muerte.
Un estudio publicado en Preventive Medicine, basado en datos nacionales de 33.771 adolescentes entre 2021 y 2023, encontró que el 2,2 % reportó consumo de inhalantes en el último año, el 0,7 % en el último mes y el 0,3 % cumplió criterios de trastorno por uso de inhalantes.
Los inhalantes son sustancias químicas cuyos vapores alteran la mente al ser respirados. Entre los productos usados están pegamentos, aerosoles, betún para zapatos, gasolina, diluyentes de pintura y óxido nitroso, conocido como “gas de la risa”.
Aunque el óxido nitroso tiene usos médicos y comerciales legítimos, como sedación odontológica o dispensadores de crema batida, su consumo recreativo se ha popularizado en redes sociales. La FDA advirtió que inhalar estos productos puede provocar asfixia, pérdida del conocimiento, coágulos, congelación, daño cerebral o medular, deficiencia de vitamina B12, parálisis y muerte.
La investigación encontró que los adolescentes de 12 y 13 años presentan mayor riesgo que los de 14 a 17 años, debido a que estos productos suelen estar disponibles en hogares, escuelas, garajes y tiendas. También se identificó una relación entre el uso de inhalantes y otros comportamientos de riesgo, como consumo de tabaco, peleas físicas o robos.
Los riesgos inmediatos incluyen mareo, dificultad para hablar, náuseas, desorientación, mala coordinación, alucinaciones y pérdida del conocimiento. A largo plazo, el consumo puede afectar el cerebro, los nervios, el hígado, los riñones y el corazón.
Uno de los mayores peligros es la llamada muerte súbita por inhalación, una alteración fatal del ritmo cardíaco que puede ocurrir incluso tras un solo episodio.
Padres y cuidadores deben estar atentos a señales como olores químicos en la ropa o el aliento, latas de aerosol o cartuchos vacíos, manchas en la cara o manos, dolores de cabeza, cambios de humor, bajo rendimiento escolar, secretismo o fatiga inusual.
Especialistas advierten que el hecho de que un producto sea legal, barato o de uso doméstico no significa que sea seguro. La recomendación para las familias es hablar de forma directa con los adolescentes sobre los riesgos, especialmente frente a contenidos en redes sociales que presentan estas prácticas como inofensivas o divertidas.