La investigación por el asesinato del empresario arrocero Gustavo Andrés Aponte Fonnegra (46 años) y de su escolta Luis Gabriel Gutiérrez Garzón, ocurrido a la salida de un gimnasio en el exclusivo sector de La Cabrera, norte de Bogotá, sumó en las últimas horas un giro clave: el sicario no habría llegado en moto, como se creyó inicialmente, sino en un carro negro que rondaba la zona. De acuerdo con fuentes judiciales citadas por EL TIEMPO, el conductor de ese vehículo —quien habría conocido la identidad del atacante y de al menos otros dos implicados— fue asesinado, en un hecho que los investigadores interpretan como un intento de “borrar” pistas dentro de una operación criminal de alta planificación.
Así fue el ataque: traje y corbata, disparos por la espalda y fuga coordinada
Según la reconstrucción del caso, un sicario vestido de traje y corbata atacó por la espalda a Aponte Fonnegra cuando salía del gimnasio Bodytech. Las cámaras de seguridad registraron que, justo cuando el empresario y su escolta se disponían a salir, el agresor recibió una llamada, sacó el arma, se acercó y disparó a la altura de la cabeza y el cuello.
La hipótesis de los investigadores apunta a una ejecución “de planeación milimétrica”. En la escena también se analiza la posible presencia de una tercera persona en las inmediaciones, elemento que forma parte de las nuevas líneas de indagación reveladas por el medio.
El “carro negro” y la pista que habría sido eliminada
El dato que hoy cambia el foco de la pesquisa es el del vehículo negro, al parecer el sicario no llegó en la moto sino en un carro negro.
La misma información sostiene que, tras verificaciones internas, se determinó que el conductor del carro fue asesinado. Para los investigadores, esto podría corresponder a una acción deliberada para silenciar a un testigo clave y frenar la identificación de la red que participó en el atentado.
Amenazas a vecinos por las cámaras de seguridad
Otro frente sensible del caso es el relacionado con las cámaras de seguridad. Vecinos del sector recibieron llamadas amenazantes para que no entregaran videos donde quedó registrado el rostro del sicario y la ruta de escape. Incluso, se conoció de una denuncia según la cual a una persona le advirtieron que tendría que “atenerse a las consecuencias” si aportaba ese material.
Pese a las presiones, los investigadores cuentan con imágenes nítidas y el trayecto de huida de los delincuentes, por lo que no se descartan nuevas capturas.
Quién era el empresario
Gustavo Andrés Aponte Fonnegra era miembro de una reconocida familia empresarial con participación en arroz, ganadería y plásticos. Era padre de tres hijos, según personas cercanas a la familia, y su muerte conmocionó al sector agroindustrial.
Entre las compañías asociadas al grupo familiar, el medio destaca Agroindustrial Molino Sonora A. P. SAS (creada en 1987), productora del Arroz Sonora y del grano Pinillar, comercializado especialmente en la Costa. También menciona a Empresa Colombiana de Soplado e Inyección (ECSI) S. A. S. (creada en 1993), dedicada a la fabricación de artículos de plástico y con operaciones en varias regiones del país; el reporte agrega que tiene clientes como Nestlé, Coca-Cola, Clorox, Unilever, Colanta y Johnson & Johnson.
Un caso bajo reserva y con más de 100 horas de video
Las autoridades mantienen el expediente bajo estricta reserva, mientras CTI de la Fiscalía y Policía Judicial avanzan con el análisis de más de 100 horas de video del sector y otras verificaciones.
En paralelo, fuentes enteradas del proceso indicaron al medio que en zonas donde el grupo familiar tiene cultivos de arroz —como Casanare— se han reportado problemas de extorsión y presencia de estructuras criminales, contexto que también es revisado dentro del abanico de hipótesis.
Lo que viene: identificación de autores y posible sabotaje
Por ahora, la principal prioridad de la Fiscalía es identificar a los autores materiales y establecer quiénes ordenaron el ataque. El asesinato del presunto conductor del “carro negro” y las amenazas a testigos por los videos son leídos por los investigadores como señales de que la organización detrás del crimen habría intentado sabotear la investigación desde los primeros días.


