Los “nepobabies” llegan al poder quienes son y la transición hacia la derecha

hijos de expresidentes, líderes históricos y figuras influyentes la tendencia de gobiernos en latinoamérica

Nueva generación de apellidos conocidos redefine la política en América Latina

América Latina atraviesa una transformación política singular. Mientras los discursos de cambio, renovación y antipolítica siguen dominando las campañas electorales, varios países de la región han terminado llevando al poder a dirigentes que tienen algo en común: son herederos de apellidos que ya marcaron la historia política de sus naciones. El fenómeno, conocido popularmente como el de los “nepobabies” políticos, ha cobrado una dimensión inédita con la llegada de hijos de expresidentes, líderes históricos y figuras influyentes a las más altas posiciones de gobierno.

Los “nepobabies”: los hijos de expresidentes, líderes históricos y figuras influyentes a las más altas posiciones de gobierno.

La más reciente incorporación a esta tendencia es Keiko Fujimori, quien asumió la Presidencia de Perú y se convierte en una de las figuras más visibles de esta nueva generación de líderes con legado familiar. Su llegada al poder se suma a la de Daniel Noboa en Ecuador, Rodrigo Paz en Bolivia, Luis Abinader en República Dominicana y Bernardo Arévalo en Guatemala, todos vinculados a familias que ocuparon posiciones de influencia política durante décadas. Este escenario ha llevado a analistas a hablar de una especie de retorno de las dinastías políticas en un continente donde los partidos tradicionales atraviesan fuertes crisis de representación.

El valor electoral de un apellido conocido

Para expertos en comportamiento electoral, el crecimiento de este fenómeno responde a una ventaja que pocos candidatos pueden igualar: el reconocimiento inmediato de su apellido. En una época dominada por las redes sociales, la fragmentación política y la baja confianza en las instituciones, los nombres asociados a familias históricas siguen funcionando como marcas electorales con una enorme capacidad de movilización.

La tendencia se observa tanto en candidatos que reivindican el legado de sus padres como en quienes intentan presentarse como figuras renovadoras pese a sus vínculos familiares. En Ecuador, por ejemplo, Daniel Noboa construyó una imagen de liderazgo joven y técnico, aunque es hijo del empresario y excandidato presidencial Álvaro Noboa. En Perú, Keiko Fujimori llegó al poder después de años de actividad política asociada al legado de su padre, el expresidente Alberto Fujimori.

Un fenómeno con predominio de la derecha

La mayoría de los nuevos mandatarios vinculados a familias políticas tradicionales pertenecen a sectores de centroderecha o derecha. Analistas consultados en diferentes estudios regionales señalan que esto no es casualidad, ya que muchas de estas familias están ligadas históricamente a élites económicas, empresariales y redes de poder consolidadas.

Perú, Ecuador, Bolivia y República Dominicana son ejemplos de gobiernos encabezados por herederos de figuras políticas con posiciones alejadas de la izquierda tradicional. La principal excepción es Guatemala, donde Bernardo Arévalo llegó al poder reivindicando la herencia política de su padre, Juan José Arévalo, una de las figuras más emblemáticas del reformismo democrático guatemalteco.

Colombia también entra en el debate político regional

Aunque Colombia no está viviendo actualmente un fenómeno de sucesión familiar comparable al de Perú o Ecuador, el país se ha convertido en uno de los ejemplos más citados del giro ideológico que atraviesa América Latina.

Tras la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia en 2022, Colombia experimentó el primer gobierno de izquierda de su historia reciente. Sin embargo, el escenario político cambió nuevamente con la elección de Abelardo de la Espriella, quien representa una propuesta ubicada en la derecha y el conservadurismo, marcando un viraje ideológico frente al proyecto político del petrismo.

A diferencia de otros mandatarios de la región incluidos dentro de la tendencia de los «nepobabies», De la Espriella no llega al poder como heredero de una dinastía presidencial. Su ascenso está ligado a su trayectoria como abogado y figura mediática nacional. No obstante, su triunfo se inscribe en la misma corriente regional que ha favorecido el regreso de sectores políticos conservadores después de varios años de expansión de gobiernos progresistas.

Entre el cambio y la continuidad

La paradoja latinoamericana radica en que muchos de estos dirigentes llegaron al poder presentándose como agentes de transformación frente a las clases políticas tradicionales. Sin embargo, al analizar sus trayectorias, se evidencia que varios pertenecen precisamente a familias que han participado durante décadas de las estructuras de poder.

Para algunos analistas, este fenómeno refleja la debilidad de los partidos políticos modernos y la creciente personalización de la política. En lugar de competir organizaciones sólidas con programas definidos, los procesos electorales terminan girando alrededor de figuras individuales que cuentan con ventajas previas en reconocimiento, contactos y capital político acumulado por sus familias.

Los nuevos apellidos que podrían llegar al poder

La lista de herederos políticos podría seguir creciendo en los próximos años. En Argentina, sectores del peronismo mencionan con frecuencia a Máximo Kirchner, hijo de los expresidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández. En Brasil, el senador Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, aparece entre las figuras llamadas a disputar futuros procesos presidenciales.

También en Honduras se especula sobre eventuales candidaturas relacionadas con la familia de la actual presidenta Xiomara Castro y del expresidente Manuel Zelaya. Mientras tanto, otros sistemas políticos continúan mostrando cómo los nombres familiares mantienen una influencia considerable en las decisiones electorales.

¿Fortaleza democrática o señal de debilidad institucional?

El crecimiento de los llamados “nepobabies” políticos genera un intenso debate en la región. Sus defensores sostienen que los ciudadanos siguen teniendo la última palabra en las urnas y que llevar un apellido reconocido no garantiza el éxito electoral. Sus críticos, en cambio, consideran que la tendencia evidencia desigualdades persistentes dentro de los sistemas políticos y la dificultad para que nuevos liderazgos sin respaldo familiar compitan en igualdad de condiciones.

Lo cierto es que América Latina vive un momento singular: mientras los votantes reclaman renovación y cambios profundos, cada vez más gobiernos son encabezados por hijos de dirigentes que ya ocuparon espacios de poder. Una combinación de herencia política, reconocimiento de marca y capacidad para adaptarse a nuevos discursos que está redefiniendo el mapa político de la región.