Artemis II culminó con éxito: así fue, paso a paso, el regreso de la tripulación de la NASA a la Tierra

La misión Artemis II llegó a su final este viernes 10 de abril de 2026 con el amerizaje exitoso de la cápsula Orion en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, California. A bordo regresaron los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, junto con Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. Con este cierre, la misión completó un viaje de aproximadamente 10 días alrededor de la Luna y de regreso, en el primer vuelo tripulado de este tipo en más de medio siglo.

El amerizaje ocurrió a las 8:07 p. m. hora del Este de Estados Unidos, equivalente a las 7:07 p. m. en Colombia, después de una de las fases más delicadas de toda misión espacial: el reingreso atmosférico. NASA confirmó que la nave tocó el agua asistida por paracaídas, y que de inmediato comenzaron las maniobras de aseguramiento, verificación técnica y recuperación de la tripulación por parte de los equipos desplegados en el Pacífico.

Artemis II deja además una marca histórica: fue la primera misión tripulada del programa Artemis y el primer viaje de seres humanos alrededor de la Luna desde la era Apolo. Durante el trayecto, la tripulación superó el récord de mayor distancia recorrida por humanos desde la Tierra, con un punto máximo de cerca de 252.756 millas, de acuerdo con la NASA.

El regreso, paso a paso

La secuencia final comenzó varias horas antes del amerizaje. En la tarde del viernes, la tripulación ejecutó una maniobra final de corrección de trayectoria, un encendido breve de propulsores que ajustó con precisión la ruta de Orion para colocarla en el corredor exacto de entrada a la atmósfera terrestre. NASA informó que ese encendido ocurrió a las 2:53 p. m. EDT, duró 8 segundos y produjo un pequeño cambio de velocidad que encaminó la nave hacia su regreso definitivo.

Después vino la preparación de cabina. Los astronautas aseguraron equipos, revisaron listas de chequeo, instalaron sus asientos para reentrada y dejaron la nave configurada para soportar la fase de mayores cargas térmicas y dinámicas del vuelo. La Agencia Espacial Canadiense explicó que, durante esa etapa, todo debía quedar fijado dentro de la cápsula para evitar desplazamientos durante el descenso y garantizar la seguridad de la tripulación.

Uno de los momentos más críticos se produjo cuando el módulo de tripulación se separó del módulo de servicio. Esa maniobra dejó expuesto el escudo térmico de Orion, diseñado para recibir el impacto del calor extremo generado por la fricción con la atmósfera. NASA había señalado desde antes del reingreso que esa protección sería observada con atención, porque el retorno desde el espacio profundo exige condiciones mucho más severas que un regreso desde órbita baja terrestre.

La entrada formal a la atmósfera ocurrió poco después. En ese punto, Orion viajaba a una velocidad cercana a 32 veces la velocidad del sonido, según la Agencia Espacial Canadiense. El descenso estuvo acompañado por el conocido apagón de comunicaciones, una interrupción temporal provocada por el plasma que rodea la cápsula cuando el aire se comprime y se calienta alrededor del vehículo. Ese tramo, aunque previsto, es uno de los más tensos para los equipos en tierra, porque durante varios minutos la nave desciende sin contacto continuo con control de misión.

Superado ese punto, la señal regresó y llegó uno de los mensajes más esperados del día. Según la actualización oficial de NASA, el comandante Reid Wiseman reportó desde el interior de la nave: “What a ride. We’re stable. All four of us are okay”. En español: “Vaya viaje. Estamos estables. Los cuatro estamos bien”. Ese mensaje confirmó que la cápsula había atravesado con éxito la parte más exigente del reingreso y que la tripulación se encontraba en buenas condiciones.

El despliegue de paracaídas

Con la velocidad ya reducida por la física del reingreso, comenzó la secuencia de paracaídas. NASA detalló que, a unos 22.000 pies de altitud, se desplegaron los paracaídas de frenado, cuya función era estabilizar la cápsula y disminuir aún más su velocidad. Después, a unos 6.000 pies, esos paracaídas se soltaron y entraron en acción los tres paracaídas principales, responsables de llevar a Orion a un descenso lo suficientemente suave como para tocar el agua de forma controlada.

La agencia había explicado que el sistema de paracaídas debía reducir la velocidad de la nave hasta alrededor de 20 millas por hora al momento del contacto con el océano. Esa secuencia funcionó como estaba planeada: las imágenes oficiales mostraron a Orion descendiendo de forma estable bajo sus tres paracaídas principales antes del amerizaje final.

El momento del amerizaje

A las 8:07 p. m. EDT, la cápsula Orion tocó el océano Pacífico frente a San Diego. NASA describió ese instante como el cierre de una travesía de 694.481 millas, y como el regreso seguro de la primera misión tripulada de Artemis. Tras tocar el agua, la cápsula permaneció flotando mientras los equipos de recuperación iniciaban los procedimientos de aproximación y aseguramiento.

El amerizaje era, desde el lanzamiento, el punto que más atención concentraba dentro de la misión. No solo por el simbolismo del regreso, sino porque se trataba de la validación completa del sistema Orion con personas a bordo: navegación, soporte vital, comunicaciones, escudo térmico, perfil de reentrada y recuperación marítima. El éxito de esta fase despeja uno de los mayores interrogantes técnicos de la misión y fortalece el programa de exploración lunar de la NASA de cara a sus siguientes etapas.

Qué pasó después del contacto con el agua

Una vez en el mar, los equipos de recuperación comenzaron a trabajar alrededor de la cápsula antes de apagarla por completo y transferirla al personal a bordo del buque USS John P. Murtha, encargado de recibir a la tripulación. NASA indicó que, tras la extracción de los astronautas, estos serían sometidos a evaluaciones médicas iniciales en la bahía médica del barco, como parte del protocolo estándar tras un vuelo espacial de larga duración y reingreso desde el espacio profundo.

La participación de Jeremy Hansen también marcó un hito internacional: fue el primer canadiense en una misión de esta profundidad espacial, dentro de una tripulación que, además, consolidó varios hitos representativos del programa Artemis. Christina Koch se convirtió en una de las figuras centrales del vuelo, y Victor Glover integró una misión que la propia NASA y sus socios han presentado como una nueva etapa de la exploración humana más allá de la órbita baja terrestre.

Un regreso con valor histórico

Más allá del amerizaje, Artemis II cierra una misión de alto valor técnico, político y simbólico. Fue la primera vez desde la era Apolo que una tripulación humana viajó en una nave diseñada para regresar desde el entorno lunar, y lo hizo en una misión que sirvió para probar, con astronautas a bordo, los sistemas que deberán sostener futuras expediciones. La NASA ha presentado Artemis II como un paso clave hacia los próximos vuelos del programa, incluidos los que buscan volver a llevar personas a la superficie lunar.

El cierre de la misión también tuvo una dimensión pública y emocional. NASA informó que la campaña “Send Your Name with Artemis II” permitió que millones de personas se sumaran de forma simbólica al viaje mediante el envío de sus nombres en un archivo digital transportado por Orion. Ese detalle convirtió la misión no solo en un logro de ingeniería, sino también en un acontecimiento seguido a escala mundial.