La aeronave accidentada un avión Paper Navajo no contaba con caja negra. La investigación se apoya en restos del avión, análisis técnicos, comunicaciones con torre de control, videos y documentación operacional.
Las investigaciones por el accidente aéreo en el que murió el cantante de música popular Yeison Jiménez y otras cinco personas continúan avanzando bajo la coordinación de la Aeronáutica Civil de Colombia, en un proceso que, según las autoridades, será riguroso, técnico y de varios días.
En entrevistas concedidas a Focus Noticias, tanto la Aerocivil como expertos en navegación aérea coincidieron en un punto clave: la aeronave no contaba con caja negra, un elemento que en accidentes de aviación comercial suele ser determinante para reconstruir lo ocurrido en cabina y durante el vuelo.
La aeronave no tenía caja negra
Los aviones Piper Navajo no cuentan con caja negra porque, por su categoría y tipo de operación, no están obligados por la normativa aeronáutica internacional a instalar grabadores de voz de cabina (CVR) ni grabadores de datos de vuelo (FDR). Estas aeronaves pertenecen a la aviación general, son de pequeño porte, operan con motores a pistón y fueron diseñadas principalmente para vuelos privados o ejecutivos, no para transporte aéreo comercial regular. Cuando muchos de estos modelos fueron certificados —en las décadas de 1970 y 1980—, la regulación no exigía estos dispositivos para aeronaves livianas, y actualmente la obligación se mantiene solo para aviones de mayor peso, capacidad de pasajeros y complejidad operativa. En estos casos, las investigaciones de accidentes se sustentan en otros elementos técnicos como restos de la aeronave, análisis de motores y hélices, comunicaciones con torre de control, registros de mantenimiento, videos y evidencia del terreno.
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El ingeniero mecánico y experto en navegación aérea Rafael Becerra explicó que este tipo de aeronaves —aviones pequeños, de aviación general y motores a pistón— no están obligadas por norma a contar con grabadores de voz ni de datos de vuelo, conocidos popularmente como “caja negra”.
“Normalmente estos aviones no traen caja negra. No es un requisito regulatorio para aeronaves de este tipo. Eso hace que la investigación sea más compleja, pero no imposible”, explicó el experto en entrevista con Focus Noticias .
Ante esta ausencia, los investigadores deben acudir a otros mecanismos técnicos y documentales para reconstruir la secuencia del accidente.
¿De dónde se obtiene la información clave?
El coronel Álvaro Bello, director técnico de Investigación de Accidentes de la Aeronáutica Civil, detalló que el proceso se desarrolla a partir de tres líneas principales de análisis: operacional, técnica y factores humanos.
En la línea operacional se analizan los cálculos previos al despegue, como peso y balance, longitud de pista, altitud del aeródromo, temperatura ambiente, viento y rendimiento de la aeronave. “Estos cálculos son obligatorios antes de cualquier decolaje y permiten establecer si la aeronave tenía capacidad real de salir a vuelo en esas condiciones”, explicó el coronel Bello .
En la línea técnica y de mantenimiento, la Aerocivil ya inició el rastreo completo del historial de la aeronave, incluyendo manuales, certificaciones de aeronavegabilidad, intervenciones recientes y trazabilidad del mantenimiento desde su ingreso legal al país. “Estamos haciendo seguimiento a todos los antecedentes técnicos del avión y a la empresa responsable de su mantenimiento”, precisó el oficial.
La tercera línea corresponde a los factores humanos, donde se evalúan la experiencia del piloto, sus horas de vuelo recientes, nivel de fatiga, entrenamiento, licencias y condiciones psicofísicas. Según la Aerocivil, este análisis incluye la revisión de las horas voladas en los 15, 30, 60 y hasta 90 días previos al accidente.
Ante la ausencia de caja negra en la aeronave, los investigadores deben acudir a otros sistemas de información y registros técnicos para reconstruir lo ocurrido. El experto en navegación aérea Rafael Becerra explicó que, en este tipo de aviones, la caja negra —compuesta por un grabador de datos de vuelo y un grabador de voces de cabina— no es exigida por la regulación aeronáutica, por lo que no forma parte del equipamiento estándar. “Lo que se puede analizar son las comunicaciones con la torre de control, los registros técnicos y los computadores o sistemas electrónicos que tenga la aeronave”, señaló el experto.
Becerra explicó que, aunque estos aviones no cuentan con grabadores formales de vuelo, sí pueden dejar rastros de información en sistemas electrónicos, especialmente si han sido modernizados. “Hoy muchas aeronaves tienen computadores de abordo, pantallas digitales, sistemas de navegación o equipos que almacenan datos de funcionamiento. Esa información puede ser clave para saber qué parámetros estaba recibiendo el piloto y cómo respondió la aeronave”, indicó, al precisar que el análisis se complementa con videos, registros de mantenimiento y testimonios.
Desde la Aeronáutica Civil de Colombia, el coronel Álvaro Bello detalló que en el sitio del accidente se identificaron elementos técnicos relevantes que permiten establecer una secuencia inicial de los hechos. Según explicó, la aeronave sí logró despegar, voló durante un tiempo corto y mantuvo una trayectoria a baja altura antes de ejecutar una maniobra que aún es materia de análisis. “La aeronave despega, estuvo en vuelo un tiempo determinado y, por razones que están bajo investigación, realiza un viraje a la derecha antes del impacto final”, explicó.
El coronel Bello señaló que la dinámica del impacto y las características del terreno son claves para entender el desenlace del accidente. El avión cayó en una finca con siembra de cebolla, un terreno plano pero con zanjas paralelas, árboles de entre 20 y 30 metros de altura y cercas rurales, elementos que dejaron huellas físicas importantes. “En ese último instante de desplazamiento sobre el terreno hay impactos contra una estaca, una cerca y vegetación, aspectos que están siendo analizados porque aportan información sobre la energía, la velocidad y la actitud de la aeronave”, indicó.
En cuanto a la fase de despegue, la Aerocivil explicó que existen cálculos obligatorios previos al vuelo que hoy hacen parte central de la investigación. “Antes de operar una aeronave se deben hacer cálculos de elevación del aeródromo, longitud de pista, viento, densidad del aire, peso y balance. Estos datos permiten saber cuánta pista necesita el avión para alcanzar la sustentación adecuada”, precisó el coronel Bello. En los videos conocidos públicamente se observa un recorrido prolongado sobre la pista, un aspecto que, según la autoridad, está siendo evaluado con cifras exactas y documentación técnica.
Por su parte, Rafael Becerra explicó que el hecho de que el accidente haya ocurrido a menos de una milla de la cabecera de pista permite inferir que el piloto intentó recuperar el vuelo. “Eso puede indicar que el avión entró en pérdida, que el piloto fue consciente de la situación y trató de recuperar la aeronave, pero no logró generar la sustentación suficiente”, explicó. Este comportamiento, añadió, está estrechamente ligado al performance de la aeronave, concepto que define el rendimiento del avión en función de variables como peso, altitud, temperatura y potencia.
“El performance es el desempeño del avión, cómo se comporta en determinadas condiciones ambientales. En aeronaves a pistón, la altitud del aeropuerto y la temperatura influyen de manera decisiva. No es lo mismo despegar al nivel del mar que en aeródromos elevados como Paipa”, concluyó el experto, al señalar que todos estos factores serán integrados para establecer una causa probable con sustento técnico.
Evidencia física, videos y comunicaciones
Pese a la incineración parcial de la aeronave tras el impacto, los investigadores lograron recuperar restos clave que serán sometidos a análisis de laboratorio especializado, entre ellos motores y hélices. Estos componentes serán desarmados pieza por pieza para evaluar resistencia de materiales, funcionamiento y posibles fallas, un proceso que puede tardar varios meses.
Adicionalmente, la investigación se apoya en videos ciudadanos, cámaras de seguridad, huellas de impacto en el terreno y comunicaciones con la torre de control, que permiten confirmar que la aeronave despegó, estuvo en vuelo entre tres y cuatro minutos y realizó una maniobra antes del impacto final.
“El avión voló, tuvo una trayectoria definida y realizó un viraje antes del accidente. Eso está confirmado con evidencia técnica y no es una suposición”, afirmó el coronel Bello, quien estuvo en el sitio del siniestro horas después de ocurrido .
Alertas en cabina y uso de dispositivos
Uno de los puntos analizados por los investigadores es una posible alerta registrada en el tablero de la aeronave, visible en videos difundidos en redes sociales. Según Rafael Becerra, estas imágenes deben ser verificadas con extremo cuidado.
“No se puede afirmar de manera inmediata que esa alerta corresponda al vuelo del accidente. Si se confirma, el manual del fabricante determina si es una indicación menor, una precaución o una condición que exige suspender la operación”, explicó el experto, quien añadió que muchas alertas pueden corresponder a sensores o indicadores y no necesariamente a una falla catastrófica .
También se evalúa la posible manipulación de un dispositivo electrónico por parte del piloto durante el carreteo. La Aerocivil indicó que este hecho, de confirmarse, será analizado bajo los estándares de disciplina operacional y “cabina estéril”, que exigen máxima concentración en fases críticas del vuelo.
La investigación
Las autoridades fueron enfáticas en señalar que no habrá conclusiones apresuradas. Según la Aerocivil, la investigación puede tardar entre seis meses y un año, dependiendo de los resultados de los análisis técnicos y de laboratorio.
“El objetivo no es señalar culpables de manera ligera, sino determinar con evidencia factual qué ocurrió y qué lecciones deja este accidente para fortalecer la seguridad aérea”, concluyó el coronel Álvaro Bello.
Se trata de un avión Piper PA-44-180, un bimotor de ala baja fabricado en 1979, diseñado originalmente para entrenamiento avanzado y misiones ejecutivas de corto y mediano alcance. La aeronave, de matrícula extranjera y con certificación vigente, era utilizada para desplazamientos privados entre ciudades del país, especialmente en rutas regionales.
Un bimotor ligero de uso ejecutivo
El Piper PA-44, conocido comercialmente como Navajo es una aeronave bimotor de pistón, con capacidad para hasta 8 ocupantes, dependiendo de su configuración interior. Aunque nació como un modelo pensado para la formación de pilotos en vuelo multimotor, con el paso de los años fue adaptado para uso corporativo y privado, gracias a su estabilidad, redundancia de motores y costos operativos moderados frente a jets ejecutivos.
Entre sus principales características técnicas se destacan:
- Dos motores de pistón Lycoming de aproximadamente 180 caballos de potencia cada uno
- Velocidad de crucero cercana a los 300–330 km/h
- Autonomía promedio entre 1.100 y 1.400 kilómetros, dependiendo de carga, altitud y condiciones atmosféricas
- Techo de servicio aproximado de 18.000 pies
- Peso máximo de despegue cercano a los 1.700 kilogramos
¿Por qué el fuego suele ser tan devastador tras un impacto?
En aeronaves ligeras y ejecutivas:
- Los tanques están integrados en las alas, que suelen ser las primeras estructuras en colapsar.
- El combustible se dispersa en forma de aerosol, lo que acelera la ignición.
- La estructura es de aluminio y materiales livianos, que no resisten altas temperaturas.
Por eso, muchos informes forenses concluyen que las víctimas no fallecen por el impacto inicial, sino por el incendio posterior, la inhalación de humo o las quemaduras, en este caso los cuerpos quedaron parcialmente calcinados.
Mientras tanto, el Ministerio de Transporte y la Aeronáutica Civil reiteraron el llamado a evitar especulaciones y a esperar los resultados oficiales de una investigación que avanza con rigor técnico y respaldo documental.


