En un nuevo gesto de distensión entre dos gobiernos que hace apenas semanas cruzaban acusaciones públicas, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvieron este jueves 12 de marzo una conversación telefónica de cerca de media hora en la que abordaron temas energéticos, hidrocarburos, seguridad, cultivos ilícitos, erradicación y cooperación contra el narcotráfico. La información fue divulgada por el entorno de la Presidencia colombiana y reseñada por varios medios internacionales, que coinciden en que el tono del diálogo fue cordial y que ambos mandatarios intercambiaron invitaciones para visitarse mutuamente.
La llamada se produjo en un momento especialmente delicado para la relación bilateral. Días atrás, la Casa Blanca había transmitido que Colombia no estaba invitada a la cumbre del llamado Escudo de las Américas en Miami, una alianza regional impulsada por Washington para enfrentar el narcotráfico. Sin embargo, Trump dijo después que Colombia sí había sido invitada y que simplemente “no vinieron”, alimentando la confusión diplomática. Según la versión difundida desde Bogotá, durante la conversación telefónica el presidente estadounidense se disculpó por el “error” relacionado con esa invitación y le reiteró a Petro que siempre será bienvenido en Estados Unidos.
Desde la Casa de Nariño también se destacó que Petro extendió a Trump una invitación para visitar Cartagena, propuesta que el mandatario republicano habría recibido “con mucho agrado”. Además, siempre según la versión colombiana reseñada por El País, Trump manifestó su interés en mantener un contacto más fluido con Petro, le expresó amistad y le deseó suerte en la reunión que el jefe de Estado colombiano tenía prevista con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. Horas después, ese encuentro entre Colombia y Venezuela fue cancelado por “fuerza mayor”, según un comunicado conjunto de ambos países.
Más allá del tono amable, la llamada confirma que Bogotá y Washington intentan consolidar un deshielo que comenzó a tomar forma en enero. Reuters documentó que el 7 de enero ambos mandatarios ya habían hablado por teléfono después de una fase de máxima tensión, en la que Trump incluso había amenazado a Colombia con acciones militares y mantenía sanciones y restricciones contra Petro. Esa primera conversación abrió la puerta a una reunión posterior en la Casa Blanca, celebrada el 3 de febrero, que ambas partes describieron entonces como cordial, aunque sin anuncios concretos de gran alcance.
En ese contexto, la nueva llamada refleja una relación todavía frágil, pero funcional. La agenda conversada muestra que la prioridad común sigue siendo la seguridad regional y el combate al narcotráfico, un terreno en el que Washington ha venido presionando a Colombia para elevar su nivel de cooperación. Al mismo tiempo, el diálogo incluyó asuntos económicos y energéticos sensibles para ambos gobiernos, incluido el desarrollo de la frontera con Venezuela, tema que también iba a ocupar buena parte de la agenda de Petro con Rodríguez.
La conversación entre Petro y Trump, por tanto, no solo sirvió para bajar la temperatura tras el enredo por la cumbre de Miami. También dejó ver que, pese a sus diferencias ideológicas y al historial reciente de choques, ambos presidentes mantienen abierto un canal político directo en momentos en que la seguridad, la frontera con Venezuela y la lucha contra el narcotráfico vuelven a pesar sobre la relación entre Colombia y Estados Unidos.


