Coincidencia histórica: Nicolás Maduro y Manuel Noriega, capturados por EE. UU. un 3 de enero y llevados ante la justicia federal

La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos coincidió, de manera simbólica e histórica, con la fecha en la que fue detenido el General Manuel Antonio Noriega, el exjefe de Estado de Panamá, también capturado por fuerzas estadounidenses un 3 de enero, aunque con 36 años de diferencia. Ambos casos, separados por décadas y contextos geopolíticos distintos, convergen en un mismo punto: la acción directa de Estados Unidos contra mandatarios latinoamericanos acusados de graves delitos relacionados con el narcotráfico.

Maduro fue capturado en Caracas y trasladado bajo custodia estadounidense a Nueva York, donde un avión del Departamento de Defensa aterrizó en el aeropuerto internacional Stewart, al norte de la ciudad. Tras permanecer más de 40 minutos en tierra, el exmandatario descendió escoltado por un amplio anillo de seguridad, caminando lento y esposado, luego fue conducido al Metropolitan Detention Center (MDC), una cárcel federal ubicada en Brooklyn, donde permanece recluido a la espera de su primera audiencia judicial. El proceso está en manos de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, que lo acusa de liderar durante más de dos décadas una estructura criminal conocida como el Cartel de los Soles.

Los cargos contra Maduro incluyen conspiración de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína a Estados Unidos, uso y posesión de armas automáticas y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer armas de guerra. La Fiscalía sostiene que habría utilizado su posición como alto funcionario del Estado venezolano para facilitar el envío de toneladas de cocaína, proteger rutas del narcotráfico y brindar apoyo a organizaciones armadas. Además de las penas de prisión, el expediente solicita el decomiso de bienes, activos financieros y recursos presuntamente obtenidos de estas actividades ilícitas.

La coincidencia con el caso de Noriega remite a uno de los episodios más recordados de la política hemisférica. El 3 de enero de 1990, tras la invasión estadounidense a Panamá conocida como Operación Causa Justa, Noriega se entregó a las fuerzas de Estados Unidos luego de permanecer varios días refugiado en la Nunciatura Apostólica. Fue trasladado inicialmente a Miami, donde quedó recluido en una prisión estatal y puesto a disposición de la Corte Federal del Distrito Sur de Florida.

Noriega enfrentó cargos por narcotráfico, conspiración y lavado de dinero, acusado de colaborar con carteles colombianos entre ellos Pablo Escobar y permitir el uso de Panamá como plataforma para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos. En 1992 fue condenado a 40 años de prisión, pena que posteriormente fue reducida. Tras cumplir condena en territorio estadounidense, fue extraditado a Francia y luego a Panamá, donde enfrentó otros procesos judiciales relacionados con violaciones a los derechos humanos y crímenes cometidos durante su régimen.

Manuel Noriega fue uno de los personajes más controvertidos del poder en América Latina durante la Guerra Fría. Gobernante de facto de Panamá entre 1983 y 1989, pasó de ser un aliado estratégico de Estados Unidos y valioso informante de la CIA a convertirse en su enemigo declarado. Militar formado en la Guardia Nacional, Noriega consolidó un régimen autoritario sostenido en el control de las fuerzas armadas, la persecución de opositores y una compleja red de relaciones con servicios de inteligencia, carteles del narcotráfico y líderes políticos de la región.

Nacido el 11 de febrero de 1934 en Ciudad de Panamá, en el seno de una familia humilde, Noriega ascendió rápidamente en la estructura militar. Con el tiempo, transformó a la institución castrense en un instrumento de poder personal. “Hizo de la institución militar una combinación macabra entre crimen y narcotráfico”, resumió en su momento el general Rubén Darío Paredes, a quien Noriega relevó en 1983. Durante sus años de dominio, fue señalado de mantener vínculos simultáneos con el capo colombiano Pablo Escobar, el líder cubano Fidel Castro y distintos organismos de inteligencia extranjeros.

Su estilo de vida contrastaba con el discurso nacionalista que sostenía en público. Vivía con su esposa Felicidad y sus hijas en una lujosa mansión que incluía casino privado, salón de baile y hasta un pequeño zoológico. Apodado “Cara de Piña” por las marcas del acné, Noriega jugó en varios frentes para sostenerse en el poder en medio de las guerras civiles que sacudían Centroamérica, mientras en Panamá se acumulaban denuncias por asesinatos de opositores, enriquecimiento ilícito y narcotráfico.

El 20 de diciembre de 1989, Estados Unidos lanzó la Operación Causa Justa, una invasión militar para capturarlo y desmantelar su régimen. Tras varios días refugiado en la Nunciatura Apostólica, sometido a presión psicológica —incluida música a alto volumen—, Noriega se entregó el 3 de enero de 1990.  Murió a los 83 años, tras una larga enfermedad.

Décadas después, la historia volvió a resonar con la captura de Nicolás Maduro, un dirigente de origen radicalmente distinto. Maduro nació el 23 de noviembre de 1962 y hoy tiene 63 años. Antes de ingresar a la política, trabajó como conductor de bus del Metro de Caracas, experiencia que él mismo reivindicó como parte de su identidad obrera. Su salto a la vida pública se dio como dirigente sindical, luego diputado, canciller y vicepresidente, hasta convertirse en presidente tras la muerte de Hugo Chávez en 2013.

A diferencia del ascenso militar de Noriega, el poder de Maduro se consolidó desde la estructura del partido chavista y el control institucional del Estado venezolano. Con el paso de los años, su gobierno fue señalado por organismos internacionales y por Estados Unidos de derivar en un régimen autoritario, con denuncias de violaciones de derechos humanos, colapso económico y vínculos con redes criminales transnacionales. Washington lo acusa de liderar el llamado Cartel de los Soles, una presunta organización integrada por altos mandos del Estado dedicada al narcotráfico.

Maduro fue capturado junto a su esposa, Cilia Flores, en un operativo coordinado por Estados Unidos, y trasladado bajo custodia federal a Nueva York.

La captura de Nicolás Maduro se ejecutó bajo una operación especial de Estados Unidos denominada “Operación Resolute Justice”, según confirmaron fuentes oficiales citadas por autoridades militares y de inteligencia. El plan fue diseñado durante varios meses y coordinado desde distintos puntos del hemisferio, con el objetivo de garantizar la extracción segura del exmandatario venezolano desde Caracas y su traslado inmediato a territorio estadounidense. La fase final del operativo se activó de manera simultánea en aire y tierra, aprovechando ventanas de movilidad previamente identificadas por los servicios de inteligencia.

De acuerdo con el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, en la operación participaron más de 150 aeronaves, entre aviones de transporte, inteligencia y apoyo logístico, así como varios centenares de hombrespertenecientes a unidades especiales y agencias federales. El dispositivo incluyó control aéreo extendido, aseguramiento perimetral y evacuación rápida, sin que se registraran enfrentamientos ni bajas. Una vez bajo custodia, Maduro fue trasladado de inmediato a un avión del Departamento de Defensa, que voló directamente a Nueva York, donde quedó a disposición de la justicia federal tras un procedimiento descrito como “milimétricamente planificado”.

El paralelismo entre Noriega y Maduro no pasa inadvertido. Ambos terminaron detenidos por Estados Unidos un 3 de enero, acusados de utilizar el poder del Estado para facilitar el narcotráfico y de convertirse, con el tiempo, en enemigos de quienes alguna vez fueron aliados o interlocutores. Sin embargo, sus trayectorias reflejan dos modelos distintos de ascenso y ejercicio del poder: el del militar que gobernó con mano de hierro en los años ochenta y el del dirigente político que, desde un pasado obrero, se aferró al poder en el siglo XXI. En ambos casos, el desenlace los llevó ante tribunales federales estadounidenses, cerrando ciclos que marcaron a sus países y a la región.

Ambos casos, aunque distintos en su desarrollo, marcan hitos en la historia judicial y política de la región. La captura de Noriega simbolizó el fin de una dictadura militar en Panamá, mientras que la detención de Maduro abre un proceso judicial sin precedentes contra un mandatario venezolano en ejercicio prolongado del poder. La coincidencia del 3 de enero como fecha de captura refuerza el paralelismo entre dos figuras que, en diferentes épocas, terminaron enfrentando a la justicia federal estadounidense por delitos asociados al narcotráfico y al crimen organizado.

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